"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Romance entre cine y literatura LGTB: críticas de «Un hombre soltero», «Carol» y «Call Me by Your Name»

Durante la última década, el cine LGTB por fin ha proliferado, extendiéndose a todos los rincones del mundo desde el mismísimo Hollywood. Muchas de las grandes películas convertidas últimamente en clásicos instantáneos derivan, no obstante, de joyas literarias que, hasta hace poco, estaban alejados del gran público. Hoy os hablo de tres maravillosas relaciones entre literatura y cine a través de Un hombre soltero, Carol y Call Me by Your Name, perfectas en ambos formatos.

En Un hombre soltero (A Single Man, 1964), Christopher Isherwood narra un día en la vida de George, un profesor inglés universitario homosexual y maduro, incapaz de sobreponerse a la reciente pérdida de su pareja, que murió en un accidente automovilístico. Ambientada en el Sur de California, en 1962, durante la Crisis de los misiles en Cuba, la novela ofrece un retrato harto intimista de, como su nombre indica, un hombre soltero al que colma de dignidad en una época donde la homosexualidad era aún motivo de vergüenza, sumergiéndonos en su atormentada alma y seduciéndonos tal y como él mismo hace, sin quererlo, con uno de sus alumnos. En la relación entre ambos se detiene especialmente la adaptación cinematográfica de 2009, ópera prima del modisto Tom Ford (quien firma el pausado guion junto a David Scearce), la cual logra captar todo su poético intimismo con una elegantísima puesta en escena y, claro está, el excelente trabajo de Colin Firth, quien se hizo con la Copa Volpi de Venecia por el que sigue siendo el mejor papel de su carrera. Julianne Moore, todo un icono del cine LGTB, ofrece el perfecto contrapunto estridente.

Cuando la gran Patricia Highsmith publicó Carol (1952), hubo de hacerlo bajo seudónimo y con el nombre de El precio de la sal. Curiosamente, poco después saltaría a la fama con El talento de Mr. Ripley (1955), que también trataba la pasión homosexual, sólo que desde una perspectiva mucho menos positiva. Y es que si por algo destaca este romance lésbico es por ofrecer una mirada sincera, moderna y esperanzadora al amor en todas sus formas, aun cuando la hipocresía de los años 50 está irremediablemente presente en las tristes dificultades atravesadas por dos protagonistas llenas de inseguridades. Todd Haynes, maestro moderno del melodrama clásico, captó toda la fuerza de la novela en su adaptación de 2015, ofreciendo algunos de los planos más hermosos de la historia del celuloide a través de las meras miradas entre Rooney Mara (mejor actriz en Cannes) y Cate Blanchett, quienes se entregan en cuerpo y alma a sus deliciosamente contrastados personajes. La base, eso sí, era excelente: un elegantísimo guion donde no sobra una sola coma obra, de Phyllis Nagy.

Por último, Call Me by Your Name (2007), de la que he hablado bastante últimamente por motivos obvios, es la primera novela de André Aciman, quien nos traslada a la Italia de los 80 para mostrar el desbordante amor entre un chico al final de la adolescencia y el más maduro nuevo ayudante de su padre. Narrada en primera persona con bella honestidad por el ingenuo joven, la novela nos sume de lleno en el corazón del enamoramiento, desflorando su belleza pero también su innegable crueldad. Una década más tarde, en 2017, James Ivory ganó su primer Oscar por su brillante libreto, escenificado a la perfección por Luca Guadagnino, quien supo reservar el final para una secuela que ya está en marcha. Timothée Chalamet y Armie Hammer conforman una de las mejores parejas que ha dado nunca el séptimo arte, ganándose tanto nuestras sonrisas como nuestras lágrimas de principio a fin. Mención especial para Sufjan Stevens, capaz de salvaguardar la magia del filme en tres memorables canciones ante las que es difícil no conmocionarse.

Nos encontramos ante seis obras maestras, con lo que os animo a lanzaros a cualquiera de ellas: películas, novelas, ambas… No importa, como tampoco lo hace el orden en que las disfrutéis. Al igual que sus protagonistas, las tres parejas de libro/film se comunican entre ellas, ofreciendo capas complementarias que las vuelven tremendamente satisfactorias aun cuando sus hermosísimos relatos y sus inolvidables finales ya se conozcan. La lectura o el visionado de cualquiera de ellas es, sencillamente, inolvidable.

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