"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Nova Bastante: «Hay que aprender a surfear las olas, y ser agradecida»

La artista Nova Bastante, de 31 años, presentó hace unos días, rodeada de amigos y admiradores, su libro de memorias Nova: de niño a mujer (Leibros), escrito junto al periodista Óscar de la Hoz y en el que llevaba ya algún tiempo trabajando. En él, la madrileña se desnuda por completo para relatar (entre otras cosas) su infancia y adolescencia, su periplo por el mundo del espectáculo y su lucha activista por los derechos de las personas trans.

«Le pese a quien le pese, Nova, bella felina armada con stiletto nails, ha entrado a formar parte de la fauna mediática patria, construyendo su sitio al igual que ella se fue construyendo a sí misma poco a poco, plató a plató, cirugía a cirugía y palabra a palabra de su característico y erudito verbo, fruto quizá de la inconsciente memorización de decenas de entrevistas leídas y escuchadas a otros tantos artistas y personajes populares», asegura en el prólogo la humorista y escritora Didí Escobart.

Nova creció como Ricardo, un niño obeso y amanerado que tuvo que hacer frente durante años al acoso de muchos de sus compañeros de colegio. Y también a la incomprensión de muchos de sus familiares, a excepción de su madre y hermana. «Fue una infancia difícil. Siempre fui un niño curioso y con intereses fuera de lo normal en esas edades. Me atrevía a dar rienda suelta a exteriorizar mi lado femenino desde muy pequeña. Cuando observaba que las personas de mi alrededor mostraban asombro o desconcierto, reprimía muchos de mis actos por miedo a no encajar», confiesa a Dosmanzanas.

Asegura que, en un principio, se identificó equivocadamente como chico homosexual. Así, a los diecisiete años decidió abandonar los estudios y empezar a someterse a tratamientos hormonales. Y también fue entonces cuando decidió empezar a ganarse la vida como transformista, actuando en la noche madrileña. «Fue una etapa clave de mi desarrollo», reconoce. «Me permitía moverme en un ambiente más liberal y despuntar como personaje. Mi trabajo en esa profesión, en esa etapa, ayudó en mi proceso de autodescubrimiento de una forma potente. Enseguida actué en los principales programas nocturnos, con unas versiones bizarras de Modern Talking y Sabrina Salerno. Muy punk todo ello, la verdad».

Tan punk como en un principio fue su primera musa, la cantante Yurena —entonces Tamara Seisdedos—, con la que mantuvo una intensa amistad entre los trece y los dieciséis años —y con la que acabó como el rosario de la aurora—. ¿Es cierto que ejerciste de algo así como su asistente personal? «Yo era menor de edad y no tenía ningún contrato como asistente. Aunque hay personas que pueden considerar que ejercía como tal. Era un admirador, un amigo, y me encargaba de gestionar algunas de sus cuestiones. Ayudaba como mejor sabía. Siempre tendré gratas palabras para Yurena en mi etapa presente», responde, sin querer entrar en demasiados detalles.

Después de aquel jaleo, Nova —nombre que decidió adoptar en 2006 y que, desde 2008, figura en su DNI— empezó a recorrer distintos platós de televisión y a protagonizar antológicos enfrentamientos —como sus careos con la fallecida Cristina La Veneno, con la que se reconciliaría al cabo de un tiempo—. «La Veneno forma parte de ese universo cultural del underground y el pop en el que florecí. Llevo su nombre tatuado en mi muñeca», comenta.

¿Qué dirías que fue lo más complicado en tu proceso de transformación en Nova? «Encontrar tu hueco, enfrentar el tema del rechazo en la familia y el colegio, mi incursión en la farándula… Todo ha sido intenso. Siempre he sabido encontrar un equilibrio entre salir adelante, sentirme realizada, y contribuir al bienestar de los demás, con lo que tengo que ofrecerles a través de mi experiencia de vida. Hago mi aportación con toda amorosidad», explica, sin atisbo de rencor.

«Hay que aprender a surfear las olas, y ser agradecida. Confío mucho en ello, y en ser fiel a mí misma. Eso se percibe. ¡Y qué bien! Lo celebro», añade la artista, que hoy día vive  tranquila en Alcobendas, junto a su marido Álex —con el que se casó en 2010— y su sobrino. «Él se denomina ‘sobrihijo’ [risas] Soy una mujer todoterreno. También tengo animales adoptados con mi pareja. Una perra y dos gatos».

«Quiero crecer en el campo de la comunicación», responde la también youtuber cuando se le pregunta cómo se ve de aquí a veinte años. «Siempre quise ser colaboradora o tener mi propio programa de radio. Ando abierta a todo tipo de propuestas. Concursar en un reality es una experiencia que deseo vivir pronto». Ahora solo queda ver si los ‘reality shows’ la desean también a ella.

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