"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La FELGTB alerta de la vulnerabilidad de muchos jóvenes confinados junto a sus familias LGTBIfóbicas debido al vigente estado de alarma

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha alertado sobre el hecho de que el actual estado de alarma obliga a muchas personas LGTBI, sobre todo jóvenes, a convivir las 24 horas del día con personas que niegan su identidad o rechazan su orientación sexual. Esto las deja en una situación de especial vulnerabilidad ya que supone, según el psicólogo y miembro del Comité Consultivo de FELGTB, Alejandro Alder, «un maltrato psicoemocional continuo». El experto explica que esta realidad, sumada a la experiencia de confinamiento, puede incrementar en las personas LGTBI que sufren episodios LGTBIfóbicos en el hogar sensaciones de ansiedad, depresión, frustración, rechazo y aislamiento.

Son diversos los testimonios que aporta la FELGTB y que sustentan esta preocupación. «La situación actual hace mella en mí psicológicamente, aunque menos que cuando era menor porque ya tengo más que formada mi identidad», explica Kai, de 25 años. Kai, persona no binaria, comparte piso en la ciudad y asegura que cada vez que vuelve de visitar a su madre en el pueblo «siento que he perdido un trocito de mí, por aguantar días y días la negación de mi persona». Precisamente se encontraba en una de estas visitas cuando comenzó la cuarentena y está pasando el confinamiento con su madre, quién no respeta su identidad. «Suelo sobrellevar la situación porque no convivimos, pero ahora se me hace duro porque no puedo defenderme explícitamente. Entrar en una nueva discusión cada vez que se me niega es agotador, no da frutos y ella no entiende por qué me hace daño por más que se lo explico», asegura.

En parecida situación se encuentra Raquel, una chica trans de 22 años que vive con sus padres y su hermano. «No puedo ser visible en casa si no quiero tener problemas. Es una situación muy complicada porque mi madre, en especial, tiene una opinión radicalmente en contra», explica. En su casa, se refieren constantemente a ella como si fuera un hombre y la llaman por el nombre de chico que sus padres le asignaron al nacer. «Me agobio y me siento mal. Tengo que seguir fingiendo ser alguien que no soy y es horrible», explica.

Andie también tiene 22 años y está pasando el confinamiento en casa de su padre, que vive con su novia y su suegra. Antes del estado de alarma, Andie le había contado a su padre que era bisexual y él «se lo tomó bien» pero no ha hablado con nadie más de la casa al respecto. Sin embargo, a Andie le preocupa sobre todo la situación de otra persona de su entorno cercano que convive con una familia manifiestamente LGTBIfóbica y que no se ha visibilizado: «Entiendo el nerviosismo que puede sentir al estar encerrada con personas a las que quiere, pero que no la quieren tal cual es y con el riesgo de acabar en la calle en pleno estado de alarma si se enteran de su realidad». 

Jorge, por su parte, tiene 20 años y aunque habitualmente reside en una ciudad universitaria, está pasando el confinamiento en casa de sus padres, en el pueblo. Tener diversidad funcional no le ha impedido ser activista por los derechos de las personas LGTBI, pero se ha visto obligado a llevar una doble vida, «como si hubiera cometido un crimen», porque se ve obligado a ocultar su orientación sexual a su familia. «He intentado en varias ocasiones decirles que soy gay pero siempre me dicen que soy una persona confusa e indecisa que no sabe lo que quiere (…) Ahora sufro un desgaste continuo por la falta de confianza, empatía y entendimiento con mis padres. Diariamente me pasa factura ya que me reprimo, me encierro y me siento mal conmigo mismo porque mi familia vive en la constante negación de la realidad. Mi salud mental está castigada debido a las múltiples discriminaciones que sufro como persona LGBTI con diversidad funcional y muchas veces he llegado hasta a cuestionarme a mí mismo», detalla.

Tampoco se ha visibilizado en casa Sukaina, de 24 años, que forma parte de una familia musulmana y es lesbiana. «Creo que soy otra persona delante de mi familia. Nunca saco el tema así que no suelo tener situaciones complicadas pero sí hay momentos incómodos en los que tengo que fingir claramente que soy lo que no soy. Cuando era muy reciente, me provocaba muchísima ansiedad pensar que no podía contarle a mi familia cómo soy realmente por miedo a represalias pero ahora que me he aceptado totalmente, lo llevo mejor», afirma. Sukaina explica que el tema le sigue afectando, pero que suele controlar la situación con la ayuda de sus amistades.

Algunas orientaciones sobre cómo sobrellevar la situación

Esta conveniencia de apoyarse en personas de confianza es algo en lo que coinciden también el resto de personas entrevistadas y lo que recomienda Alder. «Hablar ayuda a sentirse mejor», asegura el experto. Además, incide en que es fundamental validar las emociones que se van sintiendo. «Se tiene todo el derecho a sentir lo que se siente en cada momento, ya sea tristeza, ansiedad, etc.».

El psicólogo explica que, aunque la realidad de cada persona es única y no existen soluciones generales para solventar las distintas situaciones que se puedan plantear en cada caso, sí se pueden dar unas pautas que contribuyan a sobrellevar mejor determinadas adversidades. Así, si el ambiente familiar lo permite, recomienda expresar que la situación se puede llevar de la mejor manera posible si las personas que conviven juntas se respetan entre sí aunque existan diferencias. «Si esto no funciona, es importante poner límites en la medida de lo posible, según la realidad que se esté atravesando», añade. También señala la importancia de vivir el día a día: «Pensar en el pasado generalmente ocasiona sensaciones de depresión y hacerlo en el futuro puede crear ansiedad. Por el contrario, ubicarse en el momento presente empodera y nos permite actuar en el hoy, que es lo único tiempo realmente existe».

Alder recomienda también aceptar la realidad que se está viviendo. «Si se está experimentado una situación compleja, aceptarla no significa resignarse. La aceptación permite gestionar lo que hay desde la objetividad y abre la puerta a ver qué opciones se pueden tener a mano para que, desde el aquí y el ahora, se aborde esta experiencia de la mejor manera posible», explica. «En cualquier caso, si la situación se vuelve muy grave y compleja y existen sensaciones de peligro o está en riesgo la intregridad física, emocional o la vida, lo mejor es llamar a la policía», concluye.

Línea Arcoíris de la FELGTB

Precisamente la FELGTB ha puesto a disposición de todas las personas LGTBI que se encuentren en situación de especial vulnerabilidad en la situación actual la Línea Arcoíris, en el número de teléfono 91 360 46 05 (en horario de lunes a viernes de 8:00 a 15:00 horas). También puedes escribir a info@felgtb.org

Además de todo lo expuesto, la Línea Arcoíris puede informar, apoyar o derivar a otros recursos a personas LGTBI con consultas relacionadas con el VIH, recursos disponibles para personas sin hogar, solicitudes de asilo, violencia intragénero, opciones para personas migrantes en situación irregular que requieran de medicación, redes para personas trans, para familias LGTBI o apoyos para trabajadoras y trabajadores del sexo, entre otros aspectos.

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