"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Siete películas LGTB para volver al cine (o no): críticas de «Verano del 85», «Falling», «De nuevo otra vez», «Salir del ropero», «Canción sin nombre», «La diosa fortuna» y «Temblores»

Desde el inicio del otoño, ya con los cines en un funcionamiento relativamente normal, varias películas de interés LGTB han pasado por la cartelera, algunas de las cuales hubieron de retrasar el estreno enormemente por la crisis. Por tanto, y coincidiendo con el inicio del madrileño LesGaiCineMad, el festival de cine LGTB más importante de los países de habla hispana (al que me dedicaré próximamente), os hablo de siete películas estrenadas recientemente en las salas comerciales (requisito, como sabéis, para optar a los Premios Apolo de cine LGTB que concedo a final de año). Tomad nota.

Tras triunfar en Francia, Verano del 85 (Eté 85, 2020) ha llegado a España dispuesta a animar el otoño, con una historia que se mueve de lujo entre el romance juvenil, el drama y el thriller. Tras la cámara se encuentra François Ozon, uno de los grandes nombres del cine LGTB, artífice, entre otras, de 8 mujeres (2002), En la casa (2012) y Una nueva amiga (2014); en esta ocasión, el muy personal cineasta galo adapta, con la elegancia que lo caracteriza, la conmovedora novela de Aidan Chambers, consiguiendo uno de los grandes triunfos de su interesantísima carrera. La historia es sencilla pero efectiva: un romance de verano enturbiado por una muerte accidentada. Félix Lefebvre ha saltado directamente a la fama en el rol de adolescente perdidamente enamorado, bien acompañado en pantalla del carismático Benjamin Voisin, la debutante Philippine Velge, la roba-escenas Valeria Bruni Tedeschi y los veteranos Melvil Poupaud, Isabelle Nanty y Laurent Fernandez, todos ellos de diez. También el plano visual, encantadores localizaciones costeras incluidas, es impecable, pero es en las emociones, contenidas pero impactantes, donde reside la magia de una película que no podéis dejar de ver en pantalla grande.

Falling (2020) es la ópera prima de Viggo Mortensen, quien escribir, dirige, actúa y hasta compone la minimalista pero bella partitura. En ella John Petersen (Mortensen) vive con su novio y su hija adoptiva en el sur de California, conformando una familia maravillosamente multicultural. Su padre, Willis (impresionante Lance Henriksen), un octogenario de dañina personalidad que parece estar perdiendo la cordura, decide viajar a Los Ángeles y quedarse en casa de John mientras busca el lugar para jubilarse. Una vez todo juntos, dos mundos muy diferentes colisionan y salen a relucir heridas del pasado (donde es el más joven Sverrir Gudnason quien encarna al padre), el cual el montaje fusiona con el presente a veces elegantemente y otras con torpeza. La película peca de defectos típicos de ópera prima, pero es más que correcta desde el punto de vista formal y está estupendamente interpretada (a destacar también la breve pero estupenda aparición de Laura Linney), llegando al corazón con su potente retrato de lo peor, y lo mejor, de las relaciones familiares. Por cierto, se alzó con el Sebastiane a mejor cinta LGTB del pasado Festival de San Sebastián.

El muy reputado premio de la sección Horizontes Latinos de este último certamen, pero en la edición de hace dos años, fue a parar a la pequeña gran película De nuevo otra vez (2019), ópera prima de Romina Paula, quien la escribe, dirige y protagoniza partiendo de sus propias experiencias. Romina (pues así se llama también el personaje) vuelve a la casa de su madre, tras haber sido ella misma madre con un hombre del que cada vez se siente más alejada. De alguna forma, trata de retomar su vida de soltera, de comenzar otra vez, pero para bien o para mal eso ya es imposible. Haciendo filosofía de lo mundano, sin pretenciosidad alguna, este drama aborda la crisis existencial con personalidad y sinceridad, convirtiéndose en un viaje distinto para cada espectador. Sin ser protagonista, la realidad LGTB está abordada con la perfecta naturalidad que el siglo XXI requiere.

En Salir del ropero (2019), Ingrid García Jonsson encarna a una joven y prometedora abogada española afincada en Edimburgo que ve peligrar sus planes de boda con el heredero de una ultraconservadora familia escocesa cuando se entera de que su abuela (Verónica Forqué) planea a su vez casarse con su amiga del alma (Rosa María Sardà, en su último papel antes de fallecer). Por algún motivo, Eva intentará parar la boda, empeñada en que su supuesta felicidad junto a un hombre que evidentemente no ama depende de ello. La trama, idiota y reaccionaria a más no poder, empeora con el impensable plantel de secundarios, a destacar, para mal, un imposible David Verdaguer y, para bien (más o menos), una irreconocible Candela Peña. Lo peor es que el reparto es de lejos lo mejor de una película que, pese a contar con nombres propios en todas las categorías (desde la fotografía hasta el montaje, pasando por la música, el vestuario y hasta una canción de Mónica Naranjo), hace gala de un inexplicable cutrerío que lleva a pensar que, bien la debutante Ángeles Reiné es verdaderamente una realizadora terrible, bien hay algo turbio detrás de todo ello. Apuesto por la segunda opción.

Apodada «la Roma peruana», Canción sin nombre (2019) es la historia de Georgina Condori (Pamela Mendoza), una música andina cuya bebé recién nacida desaparece misteriosamente. En medio del caos político de la época, Pedro Campos (Tommy Párraga), un joven periodista limeño, toma a su cargo la investigación y emprende junto a ella la desesperada búsqueda. Este último debe a su vez lidiar con su aceptación de la homosexualidad en el nada fácil contexto del Perú ochentero. Amparada en la melancólica fotografía en blanco y negro de Inti Briones y la envolvente partitura de la violinista experimental Pauchi Sasaki, la debutante Melina León ofrece una película imperfecta pero harto interesante que logra emocionar sin aspaviento alguno.

Por su parte, La diosa fortuna (La dea fortuna, 2019) es la última película de uno de los directores italianos más LGTB del momento, Ferzan Ozpetek, conocido por comedias dramáticas como No basta una vida (2007) y Tengo algo que deciros (2010), que vuelve a hacer gala de su encanto y, para qué negarlo, su irregularidad. La película cuenta la historia de una pareja gay (los nada carismáticos Stefano Accorsi y Edoardo Leo), en crisis, tras más de 15 años de relación. La pasión y el amor se han transformado en un aburrido sentimiento de afecto. La llegada imprevista de dos niños que la mejor amiga de Alessandro (Jasmine Trinca, digna ganadora del David di Donatello a mejor actriz) les deja en custodia logra aportar un cambio a su estancada rutina, dando pie a numerosas situaciones absurdas a través de localizaciones evocadoras que intentan (y por momentos consiguen) paliar las irregularidades del guion. A destacar, por cierto, la canción «Che Vita Meravigliosa», perfecta para animarse en los tiempos que corren.

Temblores (2019) es uno de los dos títulos estrenados por el guatemalteco Jayro Bustamante este año en España, siendo el otro La llorona. Hasta ahora, el realizador sólo nos había ofrecido la maravillosa Ixcanul (2015), pero nos bastaba para intuir su talento, el cual queda ahora confirmado. La cinta que nos ocupa retrata el horror atravesado por un padre de familia (Juan Pablo Olyslager) que decide salir del armario antes de que sea tarde, abrazando así el amor romántico por primera vez pero poniendo a sus conservadores familiares entre la espada y la pared. La escena inicial nos sume en ese terrible angustia, esas ganas de sumirse por una de las fisuras del mundo para no afrontar los problemas, preparándonos para una experiencia crudísima pero también esperanzadora. Y lo mejor es que no se emiten juicios de valor contra ninguno de los personajes: es la sociedad como conjunto la que recibe un toque de atención. Del reparto, por cierto, sobresalen ellas: Diane Bathen, rígida pero empática y María Telón, muy auténtica.

Id al cine. Las salas lo necesitan, el séptimo arte como conjunto también. Y verdaderamente es lo más seguro que puede hacerse fuera de casa estos días. Aconsejo, eso sí, optar por sesiones menos concurridas, pero, para bien o para mal, eso no será un problema con ninguno de los títulos aquí citados.

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