"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El brutal asesinato de un joven gay en A Coruña sacude al colectivo LGTBI español

Más de una decena de personas (trece, según las últimas informaciones) han sido ya detenidas en relación con el asesinato de Samuel Luiz, un joven auxiliar de enfermería de 24 años que en la madrugada del sábado al domingo era víctima de una brutal paliza en A Coruña. El probable componente homófobo de la agresión, con independencia de cual fuera su desencadenante inicial, ha provocado en pocas horas una ola de indignación con escasos precedentes. Colectivos LGTBI de toda España han convocado numerosos actos de protesta para este lunes, mientras que líderes políticos y sociales han condenado lo sucedido, aunque no todos ellos han sido igual de claros a la hora de considerar lo sucedido un delito de odio homófobo.

Aún se desconocen muchos detalles de lo sucedido la pasada madrugada en el paseo marítimo de A Coruña,  cuando Samuel paseaba en compañía de varias amigas y tuvo la desgracia de toparse con el grupo de personas que lo golpearon hasta matarlo, trece de las cuales han sido ya detenidas. No está claro cuántas de ellas participaron directamente en la paliza (se estima por el momento que siete) y cuántas les dieron cobertura. Los agresores huyeron del lugar cuando vieron que Samuel ya no respiraba. Al lugar acudieron los servicios de emergencias, que al parecer intentaron reanimarlo durante un largo periodo, con resultado infructuoso. Samuel fue declarado muerto en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña dos horas después de la agresión. La presencia de algún testigo clave que al parecer conocía a alguno de los agresores, el hecho de que en este momento las personas que acceden a discotecas de la zona deban dejar sus números de DNI (debido a las restricciones por la pandemia de coronavirus) y las grabaciones de cámaras de seguridad de la zona habrían sido de vital importancia para detenerlos tan pronto.

Al margen del detalle de los hechos, hay circunstancias que parecen ya claras: Samuel fue víctima de una agresión salvaje pero claramente intencionada, alimentada por un odio extremo y con la intención de causar el mayor daño. La muerte de Samuel no fue un trágico accidente. Fue un asesinato brutal de una persona indefensa a manos de un grupo numeroso que se ensañó con él.  Según la versión que desde el entorno de la investigación se ha trasladado a los medios locales (y que el propio padre de la víctima, Maxsoud Luiz, compartía pocas horas después de la muerte de su hijo) el desencadenante inicial habría sido la «confusión» de los agresores al ver como una de las acompañantes de Samuel entablaba una videollamada. El grupo habría interpretado que los estaban grabando, lo que habría dado pie a encararse con Samuel. En este punto, nos parece que hay un aspecto importante que considerar: Samuel era gay, y según personas de su entorno han insistido en redes sociales, mientras sus agresores se ensañaban a golpes con él le dedicaban insultos homófobos (este aspecto no forma parte de la versión policial).

Somos los primeros que creemos necesario avanzar en la investigación de los hechos, especialmente ahora que los agresores han sido detenidos. Pero son demasiados déjà vu en nuestras vidas: las personas LGTBI, especialmente las que tenemos ya una cierta edad, sabemos por experiencia propia cómo tantas investigaciones policiales y/o procesos judiciales se inclinan por invisibilizar el componente homófobo de muchas agresiones, a no ser que la evidencia sea irrefutable. Pero en la España actual las agresiones por LGTBIfobia pocas veces son la consecuencia de una decisión de agredir a una persona LGTBI planificada en frío y mucho menos plasmada documentalmente. En sociedades como la nuestra las mayoría de las agresiones son el fruto explosivo del odio acumulado. Un odio alimentado por discursos de deshumanización del diferente que tras una época de relativa calma vuelven a escucharse de nuevo de la boca de políticos y líderes de opinión y son amplificados, cada vez con menos reservas, por medios de comunicación y redes sociales. En la mayor parte de las situaciones, ese odio queda contenido por la fuerza de los usos y costumbres, pero estalla en cuanto encuentra la más mínima oportunidad. El desencadenante puede ser cualquiera. Incluso un incidente banal que quizá con otras personas no tendría mayores consecuencias, pero con una persona LGTBI supone un estallido de violencia que revela la LGTBIfobia que lo trasciende. Y por supuesto, los agresores, si son detenidos, siempre la niegan. Damos por descontado que también lo harán en este caso.

Seguiremos con atención las informaciones que se produzcan en próximos días, pero de lo que cabe ya poca duda es de que el asesinato de Samuel supone un aldabonazo que nos recuerda cómo de endebles son los derechos conquistados y cómo de fuerte es el odio que alimenta a las alimañas. A las que golpean hasta la muerte a un joven indefenso, pero también a las que difunden sus discursos de odio desde las tribunas del Congreso o desde las tertulias matinales de radios y televisiones. Por lo pronto, la reacción del colectivo LGTBI bajo los hashtags #JusticiaParaSamuel y #XustizaParaSamuel, tanto de grupos y asociaciones como a título individual, ha sido impresionante. Mañana lunes se han convocado en diferentes puntos de España numerosas concentraciones de repulsa a las que animamos a asistir. Líderes políticos y sociales han condenado también lo sucedido, aunque no todos ellos han sido igual de claros a la hora de considerarlo una agresión homófoba. Entre las personalidades que lo han hecho se encuentran por cierto varios miembros del Gobierno, como la vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz; la ministra de Igualdad, Irene Montero, y la ministra de Derechos Sociales Ione Belarra.

No han faltado también, por supuesto, los que critican que «se utilice» el asesinato de Samuel para denunciar tanto la ofensiva de odio de la extrema derecha como su normalización y blanqueamiento por otros políticos y medios de comunicación, ni los que aseguran que la homofobia nada tuvo que ver en el asesinato. Era de esperar.

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