bandera portugalEl Gobierno portugués tiene intención de dar mañana su visto bueno, en Consejo de ministros, el proyecto de ley sobre matrimonio entre personas del mismo sexo, que será posteriormente presentado ante el Parlamento portugués para su aprobación. Se trata de una promesa electoral del Partido Socialista, ganador de las recientes elecciones generales portuguesas, que dejaría sin embargo fuera la adopción conjunta.

Por un lado, el proyecto supondrá la reforma del Código Civil portugués en el sentido de que el matrimonio, considerado hasta ahora “un contrato entre dos personas del sexo opuesto que desean fundar una familia mediante una plena comunión de vida” pasará a ser considerado simplemente “entre dos personas”, independientemente de su sexo. Eso sí, si definitivamente se quiere prohibir a las parejas casadas del mismo sexo adoptar conjuntamente, el Gobierno se verá obligado además a reformar la legislación sobre adopción en un sentido discriminatorio hacia las mismas.

Conviene recordar que el Partido Socialista no cuenta con mayoría absoluta en la actual Asamblea portuguesa, por lo que necesitará el apoyo del resto de los grupos progresistas: el Bloque de Izquierda y la Coalición Democrática Unitaria (alianza de comunistas y verdes). Mientras que todos ellos se muestran favorables a la aprobación del matrimonio homosexual, existen dudas sobre cual será su postura sobre la prohibición a las parejas del mismo sexo casadas de poder adoptar. En septiembre de 2008, cuando el tema se discutió por primera vez en el Parlamento (en aquella ocasión con el voto en contra de los socialistas), el Bloque de Izquierda votó a favor del matrimonio con adopción. No así comunistas y verdes, que optaron entonces por apoyar una propuesta de ley de matrimonio sin adopción.

Habrá que ver, por tanto, que es lo que depara el juego parlamentario. Conviene recordar, en cualquier caso, que ya existe el antecedente de un país que autorizó inicialmente el matrimonio entre personas del mismo sexo dejando fuera la adopción. Se trata de Bélgica, que aprobó su ley de matrimonio en 2003 pero no autorizó la adopción hasta 2006.

La derecha ya ha anunciado su voto en contra en cualquiera de los casos, proponiendo en su lugar un simple registro de uniones civiles. También la iglesia católica se prepara para dar la batalla.