El diputado brasileño Eduardo Cunha ha presentado un proyecto de ley cuyo objetivo es combatir la supuesta “discriminación heterófoba” existente en su país. Y es que, según Cunha, la legislación antidiscriminatoria vigente en Brasil favorece a los homosexuales. “Se está creando la impresión de que la afectividad homosexual o bisexual se encuentra en un nivel más elevado que la afectividad heterosexual”, se ha quejado.

El proyecto, de innegable intención provocadora y cuya aprobación parece poco probable, propone por ejemplo castigar con cárcel a quienes impidan a una persona acceder a cualquier ambiente o establecimiento público o privado abierto al público por ser heterosexual.

Eduardo Cunha es un activo diputado evangélico en el Congreso de Brasil. Representa al Partido do Movimento Democrático Brasileiro, el grupo que actualmente cuenta con más diputados en la cámara brasileña. Una cámara en la que existe un influyente lobby evangélico formado por diputados de diferentes grupos (conocido como “la bancada evangélica”) que ejerce una implacable lucha contra de los derechos LGTB, el aborto (prohibido en Brasil salvo en circunstancias extremas) o la investigación con células madre, entre otras materias.

Todo un ejercicio de despreciable sarcasmo que movería a la risa si no fuera porque Brasil, pese a los innegables avances en el terreno jurídico acontecidos a lo largo de los últimos años (el más reciente de ellos el reconocimiento por los tribunales de la adopción por parejas del mismo sexo) sigue siendo uno de los países del mundo en los que se registra más violencia contra las personas LGTB. Sólo en 2008, 190 habrían sido asesinadas, principalmente hombres gays y mujeres transexuales.