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La situación de la comunidad LGTB en Georgia

El grave ataque del que recientemente fueron víctimas los participantes en el Orgullo de Tiflis no es un caso aislado, por desgracia. La homofobia social, azuzada por la iglesia ortodoxa, es muy intensa en Georgia. Tanto este ataque como el sucedido hace meses, cuando tres turistas alemanes fueron agredidos por besarse en público, ponen de manifiesto que la situación está muy lejos de ser fácil para las personas LGTB, y ello a pesar de que Georgia es el país del Cáucaso cuya legislación más claramente protege contra su discriminación. Como prometimos al referirnos al Orgullo de Tiflis, ofrecemos ahora una visión general de la situación de la comunidad LGTB georgiana.

En los últimos años las autoridades georgianas han mostrado una actitud bastante positiva hacia el colectivo LGTB, fruto principalmente de su afán por aproximarse a los estándares de la Unión Europea. El nuevo código del trabajo aprobado en 2006 prohíbe por ejemplo la discriminación homófoba en el mercado laboral, y hace pocas semanas recogíamos la aprobación de una reforma del código penal que ahora incluye como agravante que un crimen se cometa por razones de odio hómofobo o tránsfobo. Estas reformas han convertido Georgia en el único país del Cáucaso meridional cuya legislación protege a la comunidad LGTB contra las discriminaciones.

A grandes líneas, la situación legal de las minorías sexuales en Georgia es la siguiente:

  • La homosexualidad fue legalizada en Georgia en el año 2000, hace tan solo 12 años, siendo la edad de consentimiento la misma que la de las relaciones heterosexuales.
  • No existe reconocimiento alguno de las parejas y familias LGTB.
  • Las parejas del mismo sexo no pueden adoptar.
  • La rectificación del sexo registral de las personas transexuales puede ser obtenida solo después de esterilización y divorcio.
  • La homofobia está incluida como agravante en el código penal.
  • La discriminación homófoba en el mercado laboral está prohibida.

Justo antes de que se produjera el ataque contra el Orgullo, el Defensor del Pueblo georgiano, Giorgi Tugushi, había hecho público un comunicado para celebrar el Dïa Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia, en el que reconocía que la comunidad LGTB es todavía víctima de graves discriminaciones y animaba a las autoridades a trabajar para construir una “cultura de la tolerancia”.

Lo cierto es que a pesar de los avances de los últimos años la situación de la comunidad LGTB sigue siendo muy difícil. La actitud de las autoridades choca con la hostilidad de una parte importante de la población (una encuesta realizada el año pasado mostraba que el 90% de la población considera que la homosexualidadno es aceptable nunca“) y la fuerte oposición de la iglesia ortodoxa, que conserva gran influencia social y promueve activamente la homofobia. Un partido muy próximo a la iglesia ortodoxa, el Movimiento Cristiano Demócrata, ha propuesto recientemente una serie de enmiendas a la Constitución del país para prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo, la llamada “propaganda homosexual” y para que “personas inmorales” no puedan ostentar cargos institucionales.

Quizá por todo ello, lejos de estar reduciéndose parece que la homofobia aumenta en el país. En mayo, después del ataque contra la marcha del Orgullo, el colectivo LGTB Identoba ha tenido que abandonar su sede a causa de los ataques de los vecinos, y se están multiplicando los grupos hómofobos en Facebook (incluso uno en el que se debate sobre como matar a los homosexuales).  En vista de la situación descrita, no es sorprendente que Georgia ocupe uno de los últimos lugares en Europa en materia de derechos LGTB. En el último informe sobre igualdad LGTB en Europa publicado por ILGA Europe, Georgia ha obtenido 1 punto en una escala que va desde los -4,5 puntos de Moldavia y Rusia a los +21 del Reino Unido.

Todo ello no hace sino resaltar el coraje de los activistas LGTB georgianos, que un día después del ataque contra el Orgullo, el pasado 18 de mayo, volvieron a salir a la calle para reclamar respeto a sus derechos humanos. Los activistas se concentraron frente al Parlamento donde permanecieron durante más de una hora. Entre las pancartas que llevaban los presentes, una rezaba “odiar es fácil. Para amar se necesita valor”.

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Eitan Yao :