"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La Corte Suprema de la India ordena el reconocimiento legal de un «tercer sexo»

 La Corte Suprema de la India ha emitido una sentencia que obliga a ese país a reconocer un «tercer sexo» en los documentos oficiales para dar acomodo jurídico a la realidad de las personas transgénero, una comunidad especialmente discriminada en la India. Pero la sentencia va más allá al ordenar tanto al gobierno federal como a los gobiernos de los estados incluir específicamente a las personas transgénero en los programas de ayuda social y en materia de educación, sanidad y trabajo.

Es por ello que la sentencia de la Corte Suprema india puede considerarse histórica al reconocer derechos y proporcionar un marco de protección jurídica más general a las personas transgénero. Conviene aclarar que las tradiciones india y paquistaní reconocen a los «eunucos» o hijras, como se les llama en lengua urdu, y que en su mayoría son mujeres transgénero. Si bien han tenido asignadas ciertas funciones en la cultura tradicional, a día de hoy estas personas pertenecen al estrato más mísero de la sociedad y la mayoría vive en la marginalidad, siendo sujeto de discriminación a la hora de acudir a la escuela o a los hospitales o de ser propietarias o arrendatarias. A veces son directamente asesinadas. En muchos casos la discriminación llega más allá de la muerte, al negársele la celebración de los ritos funerarios habituales. Por ello con frecuencia se ven obligadas a establecerse juntos en colonias o barriadas separadas, que con frecuencia han sido atacadas u hostigadas, incluso por las propias fuerzas del orden.

La India sigue así el ejemplo de su vecina Pakistán, donde ya los hijras han conseguido reconocimiento legal. Fue en 2009 cuando la Corte Suprema de ese país ordenaba que se les censara, se les permitiera tener documentación propia que les reconociera como un tercer sexo y se tuvieran en cuenta sus necesidades. De hecho ya en la propia India habían visto conquistado su derecho, también en el año 2009, a identificarse como una categoría separada de los sexos masculino y femenino en los formularios de registro electoral, un documento de gran importancia en un país de más mil millones de habitantes y con grandes dificultades para censar a su población.

También en otros países, como Nepal o Australia

También en Nepal, otro vecino de la India, las personas transgénero e intersexuales pueden registrarse como un tercer sexo si así lo desean. Una posibilidad que fue autorizada en mayo de 2012. Los documentos de identidad sin identificación de género empezaron a emitirse en enero del año pasado. Pero no solo los países asiáticos han establecido este tipo de soluciones para las personas cuya identidad no es conforme a uno de los dos sexos tradicionales. También lo han hecho, aunque de distintas formas, algunos países occidentales. En Alemania, ya desde el pasado noviembre, los padres pueden decidir qué sexo debe figurar en el certificado de nacimiento de sus hijos y tienen la opción de dejar en blanco ese campo del certificado.

Y en Australia ya desde 2011 es posible que personas transgénero e intersexuales se acojan a una tercera categoría de género («indeterminado, no especificado o intersexual») en los pasaportes, sin que ello signifique que las personas transexuales que deseen modificar el género de masculino a femenino o viceversa no puedan hacerlo de acuerdo a los cauces legales establecidos para ello. Hace pocos días, además, la Alta Corte australiana daba definitivamente la razón a una militante transgénero de Sydney que llevaba años batallando para conseguir el reconocimiento del estatus de “sexo no identificado” de forma general. Tras conseguirlo momentáneamente en 2010, el eco mediático alcanzado por la noticia (tratada en muchos casos de un modo amarillista) movió al fiscal general de Nueva Gales del Sur a intervenir en el asunto y pedir aclaraciones, al tiempo que la oficina del Registro Civil comunicó a la activista que el certificado que ya le había sido entregado no era válido dado que este solo podía consignar dos posibilidades: o sexo masculino o sexo femenino. Cuatro años después la justicia le ha dado la razón. Habrá que ver ahora qué ajustes legales hacen tanto el estado de Nueva Gales del Sur como la autoridad federal australiana en respuesta a la sentencia.

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