"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Parejas del mismo sexo contraen matrimonio simbólico en Paraguay para denunciar el atraso del país en materia LGTB

Una veintena de parejas del mismo sexo intercambiaron votos y contrajeron matrimonio simbólico el sábado 18 de julio en la Plaza de la Libertad de Asunción. El acto, que ponía el broche final a la Parada de la Igualdad 2015, buscaba denunciar la situación de Paraguay, uno de los pocos estados de América del Sur que carece de cualquier tipo de reconocimiento jurídico de las parejas del mismo sexo.

«Están casándose simbólicamente para reivindicar la igualdad ante la ley y la igualdad de matrimonio», declaraba el cofundador y director ejecutivo de SomosGay, Simón Cazal. «Paraguay no permite la unión de personas del mismo sexo, ni tiene una ley contra la discriminación como otros países de la región. El colectivo LGTB está discriminado en el trabajo, la educación, el acceso a vivienda. Y este Gobierno no ha hecho más que aumentar eso», añadía.

La Parada de la Igualdad 2015 concentró, en un ambiente festivo, a varios centenares de personas que marcharon por las principales calles del centro de Asunción convocadas por SomosGay, Lesvos y la Federación LGBT Paraguaya en conmemoración del Día Internacional del Orgullo, hasta finalizar en la Plaza de la Libertad.

“Quiero explicar por qué estamos aquí, no se trata solo de ir a marchar con banderas y carteles por las calles de Asunción. Todas y todos somos sobrevivientes de una larga lucha, es por esto que lo que cada una y uno acaba de hacer, de salir a marchar por las calles Palma, Colón y Estrella es extremadamente valiente. Entre todos nosotros y nosotras, las personas LGBT, podríamos llenar esta y quince plazas más si en realidad en nuestro país no existiese homofobia como dicen las autoridades. ¿Por qué estamos sólo nosotros hoy aquí? Porque hay un miedo, muy legítimo. Porque a más de uno o una, si viene a marchar aquí, al día siguiente puede perder su trabajo, su familia, sus afectos y sentirse completamente solo o sola. Es por ellos, por todos esos hermanos y hermanas que hoy en día se encuentran en esa situación, que lo que hacemos acá, al salir a marchar en público, en esta plaza y en esta calle tiene muchísimo valor, porque le estamos dando voz, a quienes no tienen voces, a quienes no pueden tener voces y no han podido tenerla durante muchísimo tiempo», expresó Cazal, activista al que hace unos días aludíamos por haber sido invitado a la recepción a miembros de la sociedad civil durante el viaje que el papa Francisco ha efectuado a Paraguay, como parte de su gira por varios países de América Latina.

Las palabras de Cazal sobre la negativa de las autoridades a reconocer que existe homofobia en Paraguay hacen referencia, entre otras, a las palabras pronunciadas hace ahora un año por el ministro de Asuntos Exteriores. “Yo puedo decir que el Gobierno paraguayo es clarísimo en esto. En el país, nosotros no vemos ninguna homofobia”, declaraba el ministro Eladio Loizaga en plena polémica por la discusión de una declaración contra la discriminación homófoba y tránsfoba presentada por Brasil ante la 44 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos que se reunía precisamente en Paraguay, y durante la cual activistas y periodistas fueron agredidos por la policía. Días antes, varios senadores paraguayos reconocían abiertamente su aversión a las personas LGTB.

Lo cierto es que Paraguay es ya uno de los países más atrasados de América del Sur por lo que al reconocimiento de los derechos LGTB se refiere. Países vecinos como Argentina, Brasil o Uruguay reconocen el matrimonio igualitario, Chile reconoce las uniones civiles, Perú las está discutiendo, y otros estados como Bolivia al menos han introducido en sus leyes disposiciones específicas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género. Las personas LGTB paraguayas, sin embargo, carecen de cualquier tipo de protección jurídica. Confiemos en que el nuevo contexto regional y la creciente pujanza del activismo en ese país logre dar un giro a la situación.

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