"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La sangría continúa: cuatro nuevos asesinatos de hombres acusados de ser homosexuales a manos del Estado Islámico

Continúan llegando testimonios gráficos –que nosotros hace ya tiempo que decidimos no reproducir– de nuevos asesinatos de personas LGTB en el territorio bajo control del denominado Estado Islámico. El pasado domingo, dos hombres, acusados de ser una pareja gay, fueron arrojados desde lo alto de un edificio en Mosul (Irak). El mismo día, en la cercana Nínive, otros dos hombres también acusados de ser homosexuales fueron asesinados por el mismo terrible método. Y hace solo dos semanas otros diez hombres eran ejecutados en Siria, siete de ellos en Rastán y tres (entre los que se encontraba al menos un menor) en Huraitan, cerca de Alepo, acusados de haber cometido sodomía. 

Ya casi ha quedado en el olvido el 24 de agosto, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abordaba de forma expresa la situación de las personas LGTB en el territorio bajo control del autodenominado Estado Islámico. En una reunión informal convocada a petición de Chile y Estados Unidos, representantes de trece de los quince estados que en este momento forman parte del Consejo de Seguridad escucharon, entre otras voces, los testimonios de dos jóvenes, uno iraquí y otro sirio, víctimas de persecución por ser homosexuales que por fortuna han conseguido escapar del horror.

Otra de las voces que pudieron escucharse fue la de Jessica Stern, directora ejecutiva de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC), que tras hacer un repaso de la situación de las personas LGTB en la región (aquí su intervención, en inglés) hizo cinco recomendaciones prácticas que deberían implementarse de forma inmediata: que todas las agencias de Naciones Unidas en Irak y Siria elaboren programas adaptados a la realidad LGTB; que Naciones Unidas y los gobiernos actúen con urgencia a la hora de acoger a las personas que lo soliciten; que el gobierno de Irak elimine todo tipo de barreras en el acceso de las personas LGTB a los servicios y a la justicia; que este mismo gobierno de Irak respete la libertad de expresión y que se fomenten las donaciones a todo tipo de iniciativas en favor de las personas LGTB en Siria e Irak.

Han pasado ya dos meses y medio de aquella reunión, cuya convocatoria tuvo sin duda gran mérito (al fin y al cabo era la primera vez en su historia el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas trataba de forma expresa la situación de las personas LGTB en una parte del mundo), pero la realidad en Siria e Irak sigue siendo igual de espantosa para este colectivo, como vemos.

Un infierno para la comunidad LGTB

Siria e Irak, hace años estados de tradición laica (vinculada al baazismo) en los que las personas LGTB podían encontrar pequeños espacios de libertad, han acabado por convertirse para ellas en un infierno. En Irak, la homosexualidad fue legal hasta 2001, cuando Sadam Hussein, para contentar a los sectores religiosos, decidió castigarla con cárcel y, en caso de reincidencia, con pena de muerte. Tras la invasión, la situación se sumió en un estado de confusión. La entonces autoridad administrativa estadounidense ordenó en 2003 retrotraer los códigos penal y civil a la situación vigente en los 70, pero la diversidad de autoridades existentes según la zona del país, así como el papel preponderante que los líderes religiosos alcanzaron, facilitó que la persecución de las personas LGTB fuera en aumento. En los años sucesivos la situación no hizo más que empeorar, y las denuncias sobre el secuestro, la tortura y el asesinato de homosexuales, involucrando además a las fuerzas de seguridad, no hacían sino aumentar en todas las zonas del país.

En el área suní de Irak, la situación de descontento con el régimen surgido de la invasión, unida a la difusión de las ideas religiosas más radicales, terminó por cristalizar en el surgimiento del Estado Islámico, que también controla ya una parte importante de Siria. En este último país, la revuelta contra el régimen de Bashar al-Asad, alentada en sus inicios desde los países occidentales (y de la que ya en 2013 conocíamos sus consecuencias para los homosexuales sirios) ha confluido en el mismo fenómeno. En este caso, además, el propio régimen de Asad utilizó la persecución de los homosexuales como un instrumento de propaganda contra los rebeldes.

El Estado Islámico ha hecho de la persecución de las personas LGTB, y muy singularmente de los varones que mantienen relaciones con otros hombres o que son percibidos como homosexuales, uno de sus principales elementos de propaganda. A finales de julio, por ejemplo, era difundido un vídeo en el que se podía ver como dos jóvenes, supuestamente acusados de mantener relaciones homosexuales, eran arrojados desde lo alto de un edificio en Palmira (Siria) y posteriormente lapidados. A finales de junio, otros cuatro hombres eran arrojados desde lo alto de un edificio en Deir ez-Zor, también en Siria, muertes que activistas islamistas aprovecharon para “celebrar” a su modo en redes sociales la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos a favor del matrimonio igualitario.

Antes ya habíamos recogido la ejecución de dos hombres a los que además se les dijo, pocos segundos antes de ser lapidados hasta la muerte, que habían sido “perdonados” (en un lugar indeterminado de Siria). O el degollamiento de cuatro jóvenes en Mosul, donde semanas antes otros dos hombres eran arrojados desde lo alto de un edificio. O la muerte de otro joven arrojado al vacío en Raqqa (Siria); la muerte por lapidación de dos hombres, también en la provincia siria de Deir ez-Zor; el asesinato de otro hombre en un lugar indeterminado, arrojado también desde un edificio, o el asesinato de otro hombre de unos cincuenta años arrojado al vacío en Tal Abyad (Siria), luego lapidado al sobrevivir a la caída.

Como siempre hemos destacado al hablar de lo que sucede en este rincón del mundo, resulta imposible disponer de información contrastada sobre estos asesinatos. Es difícil saber si se trata de personas LGTB o simplemente de opositores al Estado Islámico a los que se acusa de serlo con un objetivo propagandístico. Organizaciones en favor de los derechos LGTB hacían en enero un llamamiento a la prudencia, para no exacerbar el miedo y evitar así daños mayores. Sin embargo, cada vez resulta más difícil pensar que no asistimos simplemente a un proceso de exterminio, máxime cuando hay testimonios que aseguran que los islamistas se hacen pasar por homosexuales como “gancho” para así atrapar a sus víctimas.

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Comentarios
  1. javi
  2. rac

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