"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Un adolescente de 15 años, ejecutado por el Estado Islámico tras ser acusado de mantener relaciones con uno de sus oficiales

Siria, Irak, ISTerrible noticia la que hemos conocido recién iniciado este 2016. Un adolescente de 15 años ha sido arrojado al vacío desde lo alto de un edificio, acusado de homosexualidad, después de haber sufrido abusos sexuales (no podemos calificarlo de otra manera, dada la edad del muchacho y su posición de subordinación) a manos de Abu Zaid al-Jazrawi, prominente oficial del Estado Islámico. Al-Jazrawi habría sido degradado de su posición y enviado al frente.

Las noticias que habitualmente nos llegan desde el territorio controlado por el Estado Islámico son espantosas, pero esta desde luego produce un especial asco. Según asegura la agencia ARA News, el chico asesinado fue detenido en la propia vivienda de Abu Zaid al-Jazrawi, en la provincia siria de Deir ez-Zor, el pasado jueves, siendo acusado de mantener relaciones sexuales con este. Juzgado inmediatamente por un tribunal islámico fue condenado a muerte. Al-Jazrawi también habría sido acusado de actividades homosexuales, pero en su caso habría esquivado la condena a muerte, a cambio de ver degradada su posición y ser enviado a luchar al frente.  Según diversos medios internacionales recogen, Abu Zaid al-Jazrawi es el dirigente que aparece en uno de los muchos “vídeos promocionales” del Estado Islámico, en este caso entrenando a niños, y que el periodista Zaid Benjamin recoge en su Twitter.

Como otras veces que hacemos referencia a las barbaridades cometidas contra las personas LGTB por el autodenominado Estado Islámico, resulta difícil asegurar su total veracidad, pero la noticia parece desde luego verosímil teniendo en cuenta los antecedentes. Ya ha quedado en el olvido el 24 de agosto, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abordaba de forma expresa la situación. En una reunión informal convocada a petición de Chile y Estados Unidos, representantes de trece de los quince estados que en ese momento formaban parte del Consejo escucharon, entre otras voces, los testimonios de dos jóvenes, uno iraquí y otro sirio, víctimas de persecución por ser homosexuales, y que por fortuna han conseguido escapar del horror. Otra de las voces que pudieron escucharse fue la de Jessica Stern, directora ejecutiva de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC), que tras hacer un repaso de la situación de las personas LGTB en la región (aquí su intervención, en inglés) hizo cinco recomendaciones prácticas que deberían implementarse de forma inmediata: que todas las agencias de Naciones Unidas en Irak y Siria elaboren programas adaptados a la realidad LGTB; que Naciones Unidas y los gobiernos actúen con urgencia a la hora de acoger a las personas que lo soliciten; que el gobierno de Irak elimine las barreras en el acceso de las personas LGTB a los servicios y a la justicia; que este mismo gobierno de Irak respete la libertad de expresión y que se fomenten las donaciones a iniciativas en favor de las personas LGTB en Siria e Irak.

Han pasado más de cuatro meses desde aquella reunión, pero la realidad en Siria e Irak sigue siendo igual de espantosa. Ya casi hemos perdido la cuenta de los asesinatos que trascienden a la opinión pública. Los últimos a los que hicimos referencia ocurrieron en octubre. Entonces dos hombres, acusados de ser una pareja gay, morían arrojados desde lo alto de un edificio en Mosul (Irak). El mismo día, en la cercana Nínive, otros dos hombres también acusados de ser homosexuales eran asesinados por el mismo método. Dos semanas antes otros diez hombres eran ejecutados en Siria, acusados de haber cometido sodomía. Pero no son ni mucho menos los únicos. En aquella misma entrada hacíamos recuento de varios de los asesinatos cometidos con anterioridad, pero además ha habido otros en este intervalo, casi todos ellos cometidos arrojando a las víctimas desde lo alto de un edificio y lapidándolas si todavía quedaban con vida tras la caída.

Un infierno para la comunidad LGTB

Siria e Irak, hace años estados de tradición laica (vinculada al baazismo) en los que las personas LGTB podían encontrar pequeños espacios de libertad, han acabado por convertirse para ellas en un infierno. En Irak, la homosexualidad fue legal hasta 2001, cuando Sadam Hussein, para contentar a los sectores religiosos, decidió castigarla con cárcel y, en caso de reincidencia, con pena de muerte. Tras la invasión, la situación se sumió en un estado de confusión. La entonces autoridad administrativa estadounidense ordenó en 2003 retrotraer los códigos penal y civil a la situación vigente en los 70, pero la diversidad de autoridades existentes según la zona del país, así como el papel preponderante que los líderes religiosos alcanzaron, facilitó que la persecución de las personas LGTB fuera en aumento. En los años sucesivos la situación no hizo más que empeorar, y las denuncias sobre el secuestro, la tortura y el asesinato de homosexuales, involucrando además a las fuerzas de seguridad, no hacían sino aumentar en todas las zonas del país.

En el área suní de Irak, la situación de descontento con el régimen surgido de la invasión, unida a la difusión de las ideas religiosas más radicales, terminó por cristalizar en el surgimiento del Estado Islámico, que también controla ya una parte importante de Siria. En este último país, la revuelta contra el régimen de Bashar al-Asad, alentada en sus inicios desde los países occidentales (y de la que ya en 2013 conocíamos sus consecuencias para los homosexuales sirios) ha confluido en el mismo fenómeno. En este caso, además, el propio régimen de Asad utilizó la persecución de los homosexuales como un instrumento de propaganda contra los rebeldes.

El Estado Islámico, finalmente, ha hecho de la persecución de las personas LGTB, y muy singularmente de los varones que mantienen relaciones con otros hombres o que son percibidos como homosexuales, uno de sus principales elementos de propaganda. Por razones obvias, resulta imposible disponer de información contrastada sobre estos asesinatos y torturas. Es difícil saber si se trata de personas LGTB o simplemente de opositores a los que se acusa de serlo. Organizaciones en favor de los derechos LGTB hacían hace ya un año un llamamiento a la prudencia, para no exacerbar el miedo y evitar así daños mayores. Sin embargo, cada vez resulta más difícil pensar que no asistimos simplemente a un proceso de exterminio, máxime cuando hay testimonios que aseguran que los islamistas se hacen pasar por homosexuales como “gancho” para así atrapar a sus víctimas.

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