"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Abuelas con carácter: críticas de la novela «Todas están locas» y las películas «Las furias» y «Grandma»

 

En lo que a la cultura respecta, la (homo)sexualidad suele centrarse en la primavera de la vida, como si una vez alcanzada determinada edad la gente la dejara a un lado. En el caso de ellas, esto es todavía más exagerado (bien es sabido el enfado de las actrices ante la escasez de personajes femeninos maduros no interpretados por Meryl Streep…), con lo que es para mí todo un placer hablaros de tres obras recientes, una novela y dos películas, que os conquistarán con sus valientes y alocadas ancianas protagonistas.

Todas están locas“A todas las locas. Porque ellas consiguen dibujar la cordura de los demás. Gracias por vuestro sacrificio diario. Por intentar entender el mundo”. Así reza la dedicatoria de Todas están locas (2016), complementada por Eley Grey con un “A mi familia, a todas las familias”. Por tanto, desde la primera página de esta joyita de la recientemente creada editorial LGTB La Calle, localizamos los ejes centrales de la misma: los placeres de la locura y la importancia del seno familiar aun cuando esté lejos de ser el ideal. Como ya hizo en Las mujeres de Sara (2014) esta profesora de geografía e historia nacida en 1980 a orillas del Mediterráneo (tal y como afirma su biografía) nos ofrece en su segunda novela un fantástico plantel de personajes femeninos que retrata con tanta gracia como ternura, huyendo de los estereotipos para conformar personas de carne y hueso a las que claros defectos no eximen de humanidad. La historia es sencilla, pero efectiva: la matriarca de una familia desestructurada, la peculiar abuela Grisalda, reúne a sus seres queridos para dar una noticia que pondrá todo patas arriba. Mas no esperéis la mordacidad melodramática de la obra teatral Agosto (Tracy Letts, 2007), porque aquí el amor y el humor perduran hasta el final, estando todas las subtramas retratadas sin tópicos ni prejuicios para constituir un interesante mosaico de una sociedad donde todos tenemos nuestras lastras. Es una pena, eso sí, que su breve duración no permita ahondar del todo en los múltiples personajes, resultando las apenas 200 páginas escasas entre otros motivos porque la agilidad de la lectura les pondrá un final demasiado abierto en un santiamén. Dicho esto, se trata de un pequeño gran libro tremendamente recomendable tanto por el ingenio que presenta como por su contribución a la formación de una sociedad más respetuosa, libre y desprejuiciada.

El salto a la dirección cinematográfica del dramaturgo madrileño Miguel del Arco ha dejado claro que todos los actores de este país quieren trabajar con él. A fin de cuentas, ¿se os ocurre un reparto español mejor que el integrado por José Sacristán, Mercedes Sampietro, Bárbara Lennie, Carmen Machi, Emma Suárez, Alberto San Juan, Elisabet GelabertGonzalo de Castro, Pere Arquillué y Macarena Sanz? No por casualidad, la mayoría son también grandes intérpretes teatrales. En este oscuro drama, la matriarca decide reunir a la familia para anunciar que se dispone a vender la casa de verano familiar de cara a emprender un misterioso viaje que le traiga la paz que las interminables rencillas familiares le han negado hasta el momento. La fotografía de Raquel Fernández Nuñez y la música de Arnau Vilà impulsan la perenne tensión de un film que debe su título a las Erinias (las Furias romanas), diosas de la venganza que perseguían sin descanso a sus víctimas hasta volverlas locas, castigando especialmente los crímenes contra la familia. No hace falta por tanto ser un genio para esperar un durísimo drama con tintes de thriller en el que todos los personajes sacan lo peor de sí (y el reparto, lo mejor de sí) conforme secretos largo tiempo guardados son por fin desvelados. Como nos tiene acostumbrados en el ámbito teatral, Miguel del Arco ofrece un sobrecogedor retrato del comportamiento humano a través de diálogos frescos plagados de cinismo (a menudo en forma de siempre bienvenido humor) y crítica social sin dejar por ello de lado plenamente la esperanza.

Grandma posterPor su parte, Grandma (2015) supone la primera incursión directa en la homosexualidad de Paul Weitz, quien saltó a la fama con la excesiva American Pie (1999) y ha destacado poco desde entonces más allá de sacar lo mejor de Hugh Grant en Un niño grande (2002, dirigida junto a su hermano pequeño, Chris Weitz). De hecho, nos encontramos indudablemente ante la mejor cinta del realizador neoyorkino, así como también ante uno de los mejores trabajos de la veterana Lily Tomlin, quien el mismo año del estreno se convirtió en la primera actriz abiertamente lesbiana en hacerse con el Kennedy Center Honors, el mayor honor que puede recibir un artista estadounidense. En Grandma, la intérprete antaño nominada al Óscar por Nashville (Robert Altman, 1976) encarna a una malhumorada mujer que, nada más romper con su novia, habrá de pasar un día junto a su recién embarazada nieta (Julia Garner) en busca de dinero que le permita abortar, lo cual le obligará a revivir su propio pasado. Tanto en los momentos hilarantes como en los más lastimeros (vividos, principalmente, junto a un desgarradoramente contenido Sam Elliot), la actriz está sublime, lo que explica sus candidaturas al Globo de Oro, el Gotham y el Critics Choice Award, así como el Premio Apolo que le concedí a comienzos de este año, poco después de que pasara tristemente desapercibida por nuestra cartelera. En la línea de Todas están locas, esta dramedia no tiene reparos en extraer el orgullo de sus personajes sin dejar por ello de tratarlos en todo momento con respeto y ternura. Y, así, entre regalos desternillantes, encontramos una bella reflexión sobre la familia que no escogemos, el contraste generacional y el valor de la propia vida.

Tanto Todas están locas como Las furiasGrandma ocultan, bajo su apariencia de meros divertimentos, interesantes retratos sociales encabezados por tres mujeres mayores que jamás han tirado la toalla pese al duro pasado que arrastran. Pequeñas pero matonas, todas estas obras merecen nuestro tiempo, sea cual sea nuestra identidad (ya que ambas carecen de prejuicios, no los tengamos a la hora de consumirlas).

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