"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Tras horas de gran tensión, Trump anuncia que mantendrá la orden de Obama contra la discriminación laboral de las personas LGTB

La Casa Blanca ha anunciado, en un comunicado oficial, que el presidente Donald Trump mantendrá la orden ejecutiva firmada por Barack Obama en 2014 que prohíbe a empresas que tengan o que aspiren a firmar contratos con la administración federal discriminar a sus empleados por razones de orientación sexual o identidad de género. El movimiento de la Casa Blanca tiene lugar 24 horas después de que varios medios LGTB estadounidenses se hiciesen eco de un rumor sobre una inminente orden ejecutiva de marcado contenido anti-LGTB.

Las alarmas se disparaban cuando LGTBQ Nation, una de las webs LGTB más importantes de Estados Unidos, informaba que, según fuentes anónimas pero consideradas fiables, la Casa Blanca estaba ya trabajando en la elaboración de una orden ejecutiva de fuerte contenido anti-LGTB que, con la excusa de proteger la «libertad religiosa», revocaría la norma firmada hace dos años y medio por Obama. De hecho, la nueva norma iría más lejos, y no solo permitiría de nuevo a los contratistas federales discriminar a las personas LGTB, sino que incluiría disposiciones que permitirían a los funcionarios públicos no atender a parejas del mismo sexo que quisieran contraer matrimonio e incluso declararía el sexo de nacimiento «inmutable» a efectos de la administración federal, una medida transfóbica nunca vista hasta ahora. La preocupación alcanzó tal nivel que incluso Human Rights Campaign, el mayor grupo en favor de los derechos LGTB de los Estados Unidos, hacía público un comunicado en el que, reconociendo que se trataba de un rumor que no podían confirmar, alertaban de lo que una norma así implicaría.

Un periodista de Washington Blade, otro importante medio LGTB, conseguía preguntar directamente sobre el tema a Sean Spicer, actual secretario de prensa de la Casa Blanca. La respuesta de Spicer no fue especialmente tranquilizadora. Negó que, en su conocimiento, la Casa Blanca tuviera en este preciso momento intención de aprobar dicha orden ejecutiva, aunque por otro lado reconocía que había «muchas órdenes ejecutivas» en cola y que ni él mismo estaba al tanto de todas.

Finalmente, la Casa Blanca hacía público un comunicado oficial hace solo unas horas, en el que expresamente anuncia que Donald Trump mantendrá la orden ejecutiva firmada por Obama. «El presidente Donald J. Trump está determinado a proteger los derechos de todos los estadounidenses, incluyendo la comunidad LGBTQ. El presidente Trump sigue respetando y apoyando los derechos LGTBQ, tal y como hizo durante la campaña. El presidente se siente orgulloso de haber sido el primer candidato republicano de la historia en mencionar a la comunidad LGTBQ en su discurso de aceptación de la nominación, comprometiéndose entonces a protegerla de la violencia y la opresión. La orden ejecutiva firmada en 2014, que protege a los trabajadores de la discriminación anti-LGTBQ en sus lugares de trabajo mientras trabajen para contratistas federales, se mantendrá intacta bajo el mandato del presidente Donald J. Trump», reza el comunicado.

Para los lectores que no lo recuerden, la alusión al discurso de aceptación de la nominación se refiere, en concreto, al momento en el que Trump, en efecto, se refirió «a nuestros ciudadanos LGBTQ», si bien no lo hizo para mencionar sus derechos, sino para azuzar la islamofobia al asegurar que estos debían ser protegidos de «una ideología extranjera llena de odio».

Una orden firmada por Obama tras la negativa de los republicanos a legislar

La orden ejecutiva de 2014, como recogimos en su momento, fue emitida por la administración Obama cuando quedó meridianamente claro que la Cámara de Representantes, controlada ya entonces por los republicanos, no validaría la ENDA, un proyecto de ley contra la discriminación de personas homosexuales y transexuales que el Senado había aprobado meses antes. Y era una de las que más directamente peligraba tras la toma de posesión de Trump. No tanto por la personalidad del propio presidente, que nunca ha mostrado un especial interés (ni en lo positivo ni en lo negativo) hacia la causa LGTB, como de sus acompañantes republicanos, que, durante la convención que eligió a Trump candidato, elaboró la plataforma ideológica más abiertamente anti-LGTB de su historia. Y muy especialmente, también, del que ahora es vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence.

Pence, recordemos, es un político cercano a la derecha religiosa que en el año 2000, durante su campaña para ser elegido congresista, llegó a proponer que se utilizasen fondos destinados a ayudar a personas con VIH para sufragar a organizaciones que promovieran las “terapias reparadoras” entre aquellos que quisiesen modificar su orientación sexual. Más recientemente, en marzo de 2015, siendo gobernador de Indiana, sancionó orgulloso una ley cuyo objetivo era impedir que entes locales o el propio estado pudiesen aprobar normativas antidiscriminatorias que afectasen a la “libertad religiosa”, eufemismo que suponía la legalización de la discriminación contra las personas LGTB. Un acto en el que Pence quiso rodearse de numerosos líderes religiosos, algunos de ellos virulentamente homófobos. Aquella norma provocó sin embargo una intensísima reacción social en su contra, que amenazaba con afectar seriamente la economía del estado y que, de hecho, dejó muy tocada su imagen. Mike Pence se vio obligado entonces a promover una norma adicional que clarificara los límites de la ley e impidiese la discriminación en la prestación de servicios a personas por motivos de orientación sexual.

Un comunicado tranquilizador… relativamente

El comunicado hecho público hoy por la Casa Blanca, injusto sería no reconocerlo, es un hecho relativamente tranquilizador en un momento en que los nervios de las minorías están a flor de piel en los Estados Unidos. En cualquier caso, nada impide que Trump dé vía libre a otra orden ejecutiva que, aún manteniendo la firmada por Obama en 2014, limite su alcance, o que legalice la discriminación de las personas LGTB en otros aspectos.

Existe además otra importante orden ejecutiva firmada por Obama de cuyo destino aún no se sabe nada, y que de hecho el propio Pence prometió derogar en su momento: la que obliga a las escuelas que reciben fondos federales a respetar la identidad de género de sus estudiantes trans. Por no hablar de una iniciativa especialmente dañina para los derechos LGTB y que muy posiblemente los republicanos intentarán promover en los próximos meses: la denominada First Amendment Defense Act (FADA), una propuesta legislativa que prohibiría sancionar, con independencia de las regulaciones antidiscriminatorias de los estados, a todas aquellas personas y negocios que que se nieguen a prestar servicios a parejas del mismo sexo en base a motivos religiosos. Una norma que haría virtualmente inútiles las regulaciones antidiscriminatorias de los estados en materia LGTB, y que el propio Donald Trump anunció en campaña que no tendría inconveniente en rubricar en caso de prosperar en el Congreso.

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  1. Ana

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