"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Padres, madres, hijos, hijas… separados: críticas de las películas «#SexPact» y «Oraciones para Bobby»


En la mayoría de los casos, lo más importante para un adolescente homosexual es ser apoyado por quienes le dieron la vida, o sea, sus progenitores. Y es que el miedo a decepcionar a quien más se quiere es uno de los peores sentimientos que pueden albergarse, sobre todo cuando dicha decepción potencial se debería a algo contra lo que el «culpable» no puede hacer nada sin negarse a sí mismo. De padres, madres, hijos e hijas, siempre separados por la vida y el montaje, os hablo hoy gracias a dos películas de corte opuesto: la divertida comedia #SexPact, recién estrenada, y el desgarrador drama Oraciones por Bobby, un pequeño clásico.

#SexPact (Blockers, 2018), ópera prima de Kay Cannon, sigue a tres progenitores (hilarantes Leslie MannIke BarinholtzJohn Cena) dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de evitar que sus tres hijas (encantadoras Kathryn NewtonGeraldine ViswanathanGideon Adlon) pierdan la virginidad durante el baile de graduación. Y es que, por cosas de la vida (cotilleo incluido), los tres han descubierto que sus ya no tan inocentes hijas han hecho un pacto para tener sexo por primera vez al unísono. Estas, que comparten el protagonismo con sus atolondrados pero tiernos padres (madre, en el caso de una de ellas), intercalando el montaje las escenas de unas y otros, son: una chica rubia guapa, triunfadora e ideal con novio perfecto, una atrevida chica india plenamente alejada de los clichés habituales (empezando por el deseo de tener sexo con el primero que se cruce como mera declaración de intenciones) y, sí, la chica responsable que oculta su mirada tras sus gafas y es incapaz de confesar siquira a sus amigas (mucho menos, a sus progenitores) que, de desear tener sexo, sería con otra chica. Escrito por hasta cinco guionistas (Jon Hurwitz, Brian Kehoe, Jim Kehoe, Eben Russell y Hayden Schlossberg), el ingenioso filme convierte una historia que habría resultado fácilmente tonta y manida en otras manos en un interesante, avispado, conmovedor y, sobre todo, desternillante retrato de la interacción entre hijos modernos y padres deseosos de serlo.

Oraciones para Bobby (Prayers for Bobby, 2009) también trata la relación filo-paternal, y también desde la distancia, pero ahí terminan sus similitudes con #SexPact. Y es que, donde allí había risas imperecederas (intercaladas con alguna lágrima, pero a menudo de felicidad), aquí la tristeza es permanente. Porque Bobby Griffith (Ryan Kelley) se ha suicidado, dejando a su intolerante y fanáticamente cristiana madre (Sigourney Weaver) forzada a replantearse sus valores, aun cuando ya es demasiado tarde. En #SexPact, personajes y espectadores se preocupan por el incierto futuro, rondando el temor a dañarlo para siempre; aquí, el peso recae sobre el pasado, el cual, claro, carece de remedio. Escrito por Katie Ford a partir del libro homónimo de Leroy Aarons, que se basó a su vez en un suceso real ocurrido en los años setenta, y dirigido por uno de los directores de Queer as Folk (2000), Russell Mulcahy, este drama vuelve a separar a padres e hijos, pero en esta ocasión para siempre: a Bobby, sólo lo veremos desde la muerte, a través de flashbacks colmados de melancolía que nos llevarán a maldecir una y otra vez el destino que deparó tanto a él, como a la persona real en que se basa y a tantos adolescentes en todas las épocas y lugares. Todo por culpa de una hipocresía social tornada en homofobia interiorizada que, si bien el film no termina de desarrollar, traspasa la pantalla en forma de desgarrador lamento y sentido homenaje.

Tanto #SexPact como Oraciones para Bobby presentan a hijos mucho más sensatos, progresistas y hasta maduros que sus propios progenitores, y ambas sitúan a unos y otros en realidades separadas: en el caso de la primera, las hijas se dedican a sus amoríos mientras ellos viven todo tipo de despropósitos que los harán recuperar la juventud; en el caso de la segunda, madre e hijo quedan para siempre anclados al pasado, pero sólo ella tiene la posibilidad de dejarlo atrás.

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