"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos dictamina que las leyes homófobas vigentes en Jamaica atentan contra el derecho internacional y pide su derogación

Importante decisión la adoptada recientemente por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que considera que las leyes que criminalizan a las personas homosexuales en Jamaica atentan contra el derecho internacional y deben ser derogadas. Aunque no es previsible que la decisión tenga un efecto inmediato, sí que sienta un precedente fundamental para la evolución futura de los derechos LGTBI el el continente americano.

Ya en 2012, cuando comenzó este largo proceso, recogíamos la historia. Hacíamos referencia, por aquel entonces, a Gareth Henry, un ciudadano jamaicano que obtuvo asilo político en Canadá debido a la persecución que sufría en su país debido a su orientación sexual. Su denuncia ante la CIDH contó con el soporte legal de Human Dignity Trust, una organización de lucha a favor de los derechos de las personas LGTBI con base en el Reino Unido, en estrecha colaboración con J-FLAG, organización jamaicana a favor de los derechos LGTBI que trabaja sobre el terreno en condiciones nada favorables. Las víctimas consignadas eran el propio Henry y Simone Carline Edwards, una mujer lesbiana que solicitó asilo en los Países Bajos después de sobrevivir a los disparos de dos hombres, que también intentaron matar a su hermano gay.

No fue hasta 2018 que la CIDH declaró la admisibilidad del caso, tras constatar el hostigamiento que sufre la comunidad LGTBI jamaicana y recopilar una serie de hechos relacionados con los demandantes, cuyos testimonios son sobrecogedores. A la hora de abrir el procedimiento contra Jamaica la CIDH tuvo en cuenta «las amenazas de muerte y a la integridad física, las afectaciones a la vida privada y familiar, las violaciones del derecho de circulación y residencia, el trato desigual, la falta de acceso a la justicia y la protección judicial, y la privación del acceso a la atención médica» que relataban.

Los testimonios de las víctimas son estremecedores. Henry asegura que tuvo que huir de Jamaica temiendo por su vida tras ser objeto de violencia policial y de bandas organizadas y espera que la decisión de la Comisión Interamericana sea el primer paso de un cambio en la situación de las personas LGTB. Edwards destaca la sensación de impunidad que ampara a las hordas LGTBfobas como la que casi acaba con su vida y la de su hermano. También se mostró esperanzada de que las leyes que perpetúan esta situación sean derogadas algún día para poder regresar a su país sin miedo a ser atacada de nuevo. Human Dignity Trust, en un comunicado celebrando la decisión de la CIDH, recuerda que la legislación represora no solo criminaliza las relaciones consentidas entre hombres, sino que legitima la violencia contra toda la comunidad LGTB.

Ahora se conoce, casi una década después, el resultado del proceso. La decisión se había tomado ya en septiembre de 2019, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha hecho por fin pública. Y no puede ser más favorable: la CIDH no solo reconoce como probados la violación de derechos de los demandantes por parte del Estado jamaicano y solicita que estos sean compensados, sino que establece que las leyes que criminalizan la homsoexualidad, vigentes en Jamaica como herencia de la época colonial, atentan contra el derecho internacional y deben ser derogadas. La CIDH va incluso más allá, al instar a Jamaica a poner en marcha una legislación que proteja contra la discriminación a las personas LGTBI e introducir reformas en sus fuerzas y cuerpos de seguridad para que estos no sean cómplices o incluso perpetradores de violencia contra las LGTBI.

Human Dignity Trust considera que la decisión de la CIDH (que puedes descargar aquí) es histórica y supone un importante precedente. No supondrá, eso sí, cambios inmediatos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entidad autónoma dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA), no dispone de la capacidad coercitiva de la Corte Interamericana de Derecho Humanos, con la que con frecuencia suele confundirse (y cuya competencia contenciosa Jamaica ni siquiera reconoce). Pero sus dictamenes y recomendaciones, además de dar visibilidad a las violaciones contra los derechos humanos cometidas en suelo americano, son tenidos en cuenta por la OEA, motivan decisiones políticas de sus miembros y sin duda pueden acelerar procesos que de otra forma serían mucho más lentos. Estaremos pendientes.

Jamaica, un infierno para las personas LGTBI

Que Jamaica es posiblemente la sociedad más homófoba de América no es un secreto, y no solo porque las relaciones homosexuales masculinas sigan siendo delito. En el pasado hemos recogido noticias espantosas sobre la situación social en la que vive la comunidad LGTBI de la isla caribeña. Algunos ejemplos: en diciembre de 2010 era asesinado un activista gay que, según informó entonces J-FLAG, había sido previamente amenazado, y en junio de 2012 eran asesinados otros dos hombres gais. A finales de ese mismo año, dos jóvenes descubiertos manteniendo relaciones sexuales en los baños de la Universidad Tecnológica de Jamaica caían en manos de una muchedumbre enfurecida y uno de ellos era golpeado brutalmente por los guardas de seguridad.

En septiembre de 2013, conocimos otro caso de un joven que escapó milagrosamente de un linchamiento homófobo. Poco después cuatro hombres homosexuales que compartían vivienda vieron cómo un grupo de agresores le prendían fuego. Esa misma casa había sido también el último lugar en el que vivió Dwayne Jones, una joven adolescente trans asesinada pocas semanas antes por una turba de personas que descubrieron su condición. En marzo de 2015 dábamos cuenta del brutal linchamiento a un joven gay, a manos de una turba furiosa, que lo mató a pedradas. En 2016 se producían dos nuevos asesinatos de posible motivación homófoba. Y en septiembre de 2017, el activista Dexter Pottinger era apuñalado hasta la muerte en su domicilio.

Los precedentes son solo algunos de los casos que han trascendido las fronteras de Jamaica. Muchos otros ni siquiera llegamos a conocerlos, entre otras cosas por la falta de confianza y la pasividad de los cuerpos y fuerzas de seguridad ante estos casos. La violencia y el miedo, de hecho, no son episodios aislados sino que forman parte de la vida cotidiana de las personas LGTB jamaicanas, bien reflejados en el completo informe de 86 páginas que en 2014 publicó sobre Jamaica la organización Human Rights Watch.

Ello no impide que incluso en un ambiente tan hostil surjan valientes activistas, que de hecho en 2015 celebraron por primera vez varios actos con motivo del Orgullo LGTB, sin convocar, eso sí, una manifestación como tal. Algo que por supuesto sí pueden hacer los homófobos. Una de estas llamativas muestras públicas de homofobia fue la que recogimos en 2014, cuando cientos de personas, convocados por una coalición de líderes religiosos, salieron a las calles de Kingston coincidiendo con el Orgullo para protestar contra lo que denominaron la «creciente amenaza de la homosexualidad».

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