Entendámonos“Pienso que la homosexualidad es una enfermedad.” Lo dice, en alemán y sobre el fondo del himno europeo, un personaje con estética skin que después hace un gesto amenazador hacia la cámara. Es un fragmento del vídeo para la campaña de las elecciones europeas presentado por el PSOE la semana pasada, vídeo que ha sido reproducido ya decenas de miles de veces en youtube y ha despertado una considerable polémica. Su objetivo es motivar al electorado de izquierdas a acudir a las urnas el 7 de junio, y para ello presenta con crudeza el contraste entre los nobles ideales que supuestamente inspiran el proyecto de construcción europea –representados por el grandioso canto a la alegría y a la fraternidad humana que compuso Beethoven sobre palabras de Schiller– y esa otra cara de la realidad europea que encarnan los personajes que aparecen en el vídeo. Esa otra Europa que, aunque se niega a aceptar la realidad del cambio climático, sí cree en la pena de muerte y en cosas como que “los inmigrantes nos roban el trabajo” o que “la sanidad debería ser privada”; o en la naturaleza patológica del amor y el deseo entre personas del mismo sexo.

En el programa matinal de la SER los tertulianos comentaban el otro día el controvertido vídeo, y una de ellos lo consideraba desafortunado porque, en su opinión, abordaba cuestiones que nada tenían que ver con el verdadero cometido de la cámara cuyos miembros elegiremos el 7-J: “en el Parlamento Europeo no se debate sobre la homosexualidad”, la escuché decir, o algo muy parecido. Para mi sorpresa, sus contertulianos no quisieron o no supieron sacarla de su error; pero lo cierto es que se equivocaba.

En 1994, por ejemplo, el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre Igualdad de Derechos para Homosexuales y Lesbianas, en la que se establecía el principio general de que todos los ciudadanos deben ser tratados con igualdad independientemente de su orientación sexual, y se pedía a los estados miembros de la Unión Europea que pusieran fin a toda forma de discriminación legal contra gais y lesbianas, lo que incluía acabar con la exclusión de las parejas homosexuales del matrimonio o de “un marco legal equivalente”. Dicha resolución del europarlamento es invocada en el preámbulo justificativo de la ley española que, 11 años después, modificó el Código Civil para permitir a las parejas formadas por dos hombres o dos mujeres el acceso a la institución matrimonial, y no parece aventurado suponer que su existencia facilitó el importante avance que, para los derechos LGTB en España y Europa, supuso la mencionada ley de 2005.

Precisamente aquel año de 2005 se conmemoraba el 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, y ello dio pie a que en el Parlamento Europeo se debatiera nuevamente sobre la homosexualidad. La eurocámara aprobó entonces una resolución en la que se reconocía a los homosexuales perseguidos y asesinados por los nazis a causa de su orientación sexual su lugar entre las víctimas del Tercer Reich, y se instaba a los ciudadanos europeos a “aprender una vez más la lección (…) de los peligros que derivan de la persecución de las personas por motivos de raza, origen étnico, religión, categoría social, convicciones políticas u orientación sexual”.

Un par de años más tarde, en 2007, desde el mismo país donde los nazis habían construido Auschwitz llegaban noticias inquietantes. El vicepresidente y ministro de Educación del Gobierno de Polonia, Roman Giertych, del partido ultracatólico Liga de las Familias Polacas, anunció que estaba preparando un proyecto de ley que preveía el despido, la imposición de multas o la cárcel para los profesores y alumnos que se pronunciasen a favor de los derechos de las personas LGBT en el ámbito educativo, mientras que otros altos cargos de su Gobierno declaraban que los profesores que revelasen su homosexualidad serían despedidos o incluso preparaban ya listas de los trabajos que no podrían ejercer las personas homosexuales; además, el Gobierno polaco manifestó su intención de promover que esa misma legislación se extendiera al resto de Europa.

El Parlamento Europeo reaccionó aprobando (en abril de 2007) una nueva resolución en la que condenaba las declaraciones y los proyectos legislativos de carácter homófobo del Gobierno polaco, y urgía a éste a abstenerse de llevar a cabo dichos proyectos y a condenar también a su vez “las declaraciones de los líderes públicos que inciten a la discriminación y el odio basado en la orientación sexual”; además, en aquel documento el europarlamento propugnaba la despenalización universal de la homosexualidad y proponía el reconocimiento del 17 de mayo como Día Internacional contra la Homofobia. La resolución fue aprobada con los votos de los grupos de izquierda y los liberales y demócratas, mientras que el grupo del Partido Popular Europeo se abstuvo; sin embargo, el eurodiputado Jaime Mayor Oreja, que había encabezado la lista del PP español en las elecciones al Parlamento Europeo de 2004, se desmarcó de su grupo para unir su voto al no de los partidos que conformaban el Gobierno polaco de entonces y al de otros destacados exponentes de la ultraderecha europea, tales como Le Pen o Mussolini (Alessandra).

La coincidencia de Mayor Oreja con estos sectores del Parlamento Europeo ni era nueva ni se limitaba únicamente a su postura contraria a los derechos de las personas LGTB, pues ya el año anterior se había visto cómo el eurodiputado español rehuía condenar el franquismo durante el debate que celebró la eurocámara en ocasión del 70 aniversario del golpe de estado que prendió la mecha de la Guerra Civil Española, en el transcurso del cual el eurodiputado polaco Maciej Giertych (padre del otro Giertych, Roman, y del mismo partido que éste) elogió la figura de Franco por haber frenado, según su visión de la historia, “el ataque comunista contra la España católica”.

Algo más de un año después nos enteramos por una entrevista en la prensa de que Mayor Oreja consideraba el franquismo como “una situación de extraordinaria placidez” que “muchas familias (…) vivieron con naturalidad y normalidad”. Así que quizá no tengan por qué sorprendernos demasiado las mencionadas coincidencias de Mayor Oreja con el partido de los Giertych y la derecha extrema europea; aunque sí podría resultarnos sorprendente que, con semejante currículum, Mayor Oreja haya sido elegido por la cúpula de su partido para encabezar de nuevo su lista al Parlamento Europeo en las elecciones del próximo 7 de junio. Claro que todo depende, en última instancia, de qué tipo de Europa sea la que el PP pretende ayudar a construir desde las instituciones de la Unión.

Nemo

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