"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Italia: presentan un proyecto de ley contra la homobia descafeinado y casi inútil en la práctica

Indignación entre los colectivos LGTB tras conocer la propuesta de ley contra la discriminación homófoba y tránsfoba en Italia, primero de los proyectos relacionados con el ámbito LGTB que inicia su discusión en el Parlamento salido de las recientes elecciones. Una propuesta que en la práctica se reduce a una declaración de intenciones y que sobre todo excluye considerar agravante el odio por razones de orientación sexual e identidad de género a la hora de castigar penalmente los delitos violentos.

Tras haber fracasado hasta en cuatro ocasiones en la anterior legislatura, el nuevo intento de aprobar una ley contra la discriminación homófoba y tránsfoba lleva ahora la firma del diputado abiertamente gay del Partido Democrático (PD), Ivan Scalfarotto. Consiste en una propuesta de modificación de las vigentes leyes Reale (654/1975) y Mancino (205/1993), que castigan la discriminación por motivos étnicos o religiosos, con el objetivo de introducir también la discriminación por orientación sexual e identidad de género. O así era inicialmente, dado que tras su paso por la comisión de Justicia de la Cámara de Diputados la propuesta ha sido ampliamente «cepillada» (puedes descargar aquí un documento que compara las dos versiones del proyecto, en italiano). Desaparecen del original las expresiones «orientación sexual» e «identidad de género», de las cuales se daba además una definición concreta a efectos legales, para ser sustituidos por «homofobia» y «transfobia», términos de los cuales no se da ninguna definición.

Un cambio que ha sido deplorado por los colectivos LGTB, que ven en ello la voluntad de introducir en la ley una ambigüedad innecesaria. «La inserción de las expresiones homofobia y transfobia en la [ley] Mancino-Reale no garantiza que la ley pueda ser aplicada a la represión de los delitos cometidos contra las personas homosexuales y transexuales. Las dos palabras son usadas el lenguaje común, pero desde el punto del derecho pueden resultar indeterminadas en ausencia de una definición precisa como objeto penal», ha expresado en un comunicado la asociación de abogados por los derechos LGTB Rete Lenford. Una preocupación muy lógica: conviene recordar que aún hay quien se niega a aceptar «homofobia» como el equivalente (al referirse a la minoría homosexual) a «racismo», «machismo» o «xenofobia» al referirse a minorías étnicas, a las mujeres o a los inmigrantes, e insiste en que el término debe reservarse para designar clínicamente un trastorno mental. Hace varios meses nos hacíamos eco, precisamente, de esta polémica «lingüística» a raíz de una decisión de la agencia Associated Press de restringir el uso de la palabra «homofobia».

Pero no queda ahí la cosa: aunque el proyecto de ley introduce como novedad el castigo de conductas expresamente entendidas como destinadas a propagar el odio homófobo y tránsfobo que no constituyan un delito más grave (Ley Reale), pero excluye lo que es tan o probablemente más importante: considerar el odio por razones de orientación sexual e identidad de género un agravante a la hora de castigar penalmente las agresiones violentas, como sí ocurre con el odio racial o religioso (artículo 3 de la Ley Mancino). Como bien ha expresado el colectivo Arcigay, el proyecto, en su estado actual, lleva a que homosexuales y transexuales estén expresamente «discriminados dentro de una ley contra la discriminación». En la práctica, la inmensa mayoría de agresiones homófobas y tránsfobas, por no decir todas, quedarán en la misma situación que ahora.

Una situación viciada por el pacto PD-PdL

A la espera de ver como discurre el trámite parlamentario y de si se introducen correcciones que mejoren un proyecto que los colectivos LGTB rechazan de plano, lo sucedido es buena muestra de la situación política derivada del pacto de gobierno entre PD (principal formación del centro-izquierda, pero en la cual el peso de su sector católico es determinante) y PdL (Pueblo de la Libertad, el partido de Silvio Berlusconi y principal formación de la derecha. Un pacto forjado para mantener inalterable el statu quo de la política italiana y que deja al colectivo LGTB como uno de los principales damnificados, como ya adelantábamos en abril.

La situación es especialmente dolorosa al considerar que si el PD tuviera una actitud firme de compromiso con los derechos LGTB la situación sería muy distinta, ya que tanto en Cámara de Diputados como en Senado existe sobre el papel mayoría parlamentaria progresista. El Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo, pese a las polémicas que con frecuencia rodean las declaraciones de algunos de sus miembros, está dispuesto a legislar en este sentido, y de hecho presentó en abril un completo paquete de propuestas fruto de la colaboración con Rete Lenford que incluye, por ejemplo, el matrimonio igualitario.

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