"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El líder de los anglicanos reconoce que la inmensa mayoría de los jóvenes ya ven con naturalidad el matrimonio igualitario

Significativas declaraciones de Justin Welby, arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la iglesia de Inglaterra y cabeza visible de la comunión anglicana. Welby ha reconocido que muchas personas, especialmente las más jóvenes, identifican ya la oposición al matrimonio igualitario como una postura similar al racismo, admitiendo que sobre esta materia se ha producido un cambio social al que los cristianos no pueden ser ajenos. Welby también ha reconocido que la postura de la iglesia de Inglaterra frente a la homofobia no ha sido suficientemente sólida.

Ha sido en un acto oficial de la Alianza Evangélica, organización que agrupa a numerosas iglesias evangélicas del Reino Unido, al que el arzobispo de Canterbury había sido invitado. Justin Welby ha afirmado que la iglesia de Inglaterra ha fallado a la hora de enfrentarse a la homofobia, y que incluso ha habido veces, de forma explícita o implícita, que la ha apoyado. Eso no la ha impedido asegurar que a día de hoy seguiría votando en contra de la ley de matrimonio igualitario recientemente aprobada en Inglaterra y Gales (algo que ya hizo hace pocas semanas, como miembro de la Cámara de los Lores), al considerar que «redefinir el matrimonio no era la mejor forma [de combatir la homofobia]«, pero Welby también ha matizado que la propia iglesia de Inglaterra está dividida sobre el tema y que la discusión continúa. «Estoy absolutamente comprometido a no excluir a las personas que tienen un punto de vista diferente al mío», ha asegurado. «Hemos asistido a cambios en las ideas sobre la sexualidad, sobre la conducta sexual. Tenemos que afrontar el hecho de que la gran mayoría de las personas de menos de 35 años no solo piensan que lo que decimos es incomprensible, sino que creen que es equivocado y perverso, que lo equiparan al racismo y a otras formas de injusticia atroz», ha añadido.

Las palabras de Welby, recibidas por activistas LGTB británicos como Benjamin Cohen o Ben Summerskill con satisfacción contenida no exenta de escepticismo, suponen en cualquier caso la constatación de que la iglesia de Inglaterra, que ya en junio admitía la legitimidad del Parlamento británico para aprobar una ley de matrimonio civil igualitario, vive en su seno un debate mucho más vivo de lo que sus estructuras permiten traslucir.

El propio espectro de posiciones hacia las personas LGTB en el seno de la comunión anglicana es muy variado: la iglesia episcopaliana, su rama estadounidense, es por ejemplo una de las iglesias cristianas más inclusivas. En 2003 hacía historia ordenando obispo a Gene Robinson, abiertamente gay. Y en 2009 rompía con la moratoria autoimpuesta años antes y volvía a ordenar obispos y obispas abiertamente homosexuales, así como bendecir a las parejas del mismo sexo.  Más recientemente aprobaba la ordenación de personas transexuales y la creación de un rito litúrgico de bendición de las parejas del mismo sexo. Cómo no recordar, por ejemplo, como las campanas de la Catedral Nacional de Washington tañeron durante casi una hora para celebrar la sentencia del Tribunal Supremo que declaró inconstitucional la sección 3 de la DOMA (Defense of Marriage Act), la norma que prohibía a la administración federal estadounidense reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo. En el otro extremo se sitúan las iglesias anglicanas africanas, algunas de ellas virulentamente homófobas.

Declaraciones aperturistas en el ámbito católico

No solo desde el anglicanismo llegan buenas palabras. En las últimas semanas se han producido algunas declaraciones de destacados miembros de la iglesia católica, quizá en consonancia con las «nuevas formas» que el papado de Jorge Bergoglio parece haber traído consigo. Es el caso del obispo mexicano José Raúl Vera, que ha afirmado que hay que estar «malito de la cabeza» para pensar que homosexuales y lesbianas son depravados y ha asegurado que son los homófobos los que padecen una enfermedad mental. Hay que recordar, no obstante, que el obispo de Saltillo es una figura que ya en el pasado se ha posicionado en contra de la homofobia. En 2011, por ejemplo, dio su apoyo a un foro de diversidad sexual promovido por un grupo LGTB cristiano.

También merecen ser reseñadas las declaraciones del francés Michel Dubost, obispo de Évry-Corbeil-Essonnes, menos explícitas pero significativas dada la ola de homofobia desatada en Francia a raíz de la prolongada discusión de la ley de matrimonio igualitario en ese país. Dubost ha recordado en que lo que el matrimonio significa para la sociedad civil y lo que significa para la iglesia católica es diferente y ha insistido en que «los homosexuales son bienvenidos en la iglesia». El obispo francés ha llegado a afirmar que algunas de las citas bíblicas que se usan para condenar la homosexualidad están en realidad sacadas de contexto.

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