"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Un encuentro… tormentoso (o dos): crítica del film «A Stormy Night» y entrevista a David Moragas

Aunque parezca mentira, hoy se estrena la única película española decente del año que tiene protagonistas LGTB: A Stormy Night, ópera prima de David Moragas (solo se me ocurren dos títulos más con personajes no cishetero: Salir del ropero, más propia de los 90 que del 2020, y Enjambre, cuyo grupo de amigas alberga lesbianas pero en roles secundarios). Para que luego digan que estamos en todas partes. Antes o después, debo escribir sobre la inexplicable precariedad de la cinematografía LGTB española pero, por ahora, centrémonos en celebrar esta personal obra.

El representante español de la Sección Oficial del pasado LesGaiCineMad, A Stormy Night, es el primer largometraje del barcelonés David Moragas, quien lo escribe, dirige y, junto a Jacob Perkins, protagoniza. Así, un documentalista español se queda atrapado en Nueva York cuando el vuelo de escala que debía llevarlo a San Francisco es cancelado por culpa de una tormenta. Una amiga lo ubica en casa de un chico neoyorkino, dando lugar a una noche de coqueteo e (in)comunicación que, pese a la escasez de medios, atrapa al espectador desde el primer momento gracias a la química entre sus protagonistas y, claro, la atmósfera confeccionada por el sensible uso del blanco y negro, el cual, como el tiempo, simboliza perfectamente la relación entre los personajes. Dos formas de ver el mundo chocan y se entrelazan, sin pretenderse emitir juicios absolutos más allá de que todos somos diferentes frente al amor y, a la vez, más parecidos de lo que pensamos.

Como complemento a A Stormy Night, estrenada en cines selectos, hoy llega a Filmin un antiguo cortometraje del mismo director, el muy sensible Detox, con unos estupendos Oriol Pla y Guillem Barbosa sobrellevando una ruptura amorosa. Echadle un vistazo y quizá termine de convenceros para apoyar al cine, que siempre lo necesita pero, siendo LGTB y llegando en plena pandemia, más aún.

A continuación, os dejo con mi entrevista con David Moragas, director de A Stormy Night, la cual tuvo lugar vía Skype, Madrid-Barcelona. Hablamos de hacer cine sin dinero, de representación LGTB, de la relación entre las salas y las plataformas digitales… y de muchas cosas (polémicas) más. ¡Un encuentro tormentoso a la altura de la película!

Estrenas A Stormy Night en plena pandemia y en plena Navidad. ¿Ganas? ¿Miedos?

Bueno, como director, tu labor es dejar la película hecha. Lo que pase después deja de depender de ti, y además es impredecible. Asusta un poco, sí, pero tengo el apoyo de un equipo muy bueno, así que estoy tranquilo. Estrenar en Navidad es complejo porque hay muchos títulos importantes, pero confío en Oberon Media, mi productora, y en Filmin, la distribuidora. Nosotros teníamos pensado estrenar en verano, pero fue imposible. Pospusimos el estreno a noviembre y tocó cancelarlo de nuevo, así que ya solo quedaba esta fecha.

¿A qué se ha debido tanto retraso?

Pues… A una pandemia [risas].

Pero otras películas sí se han estrenado…

A ver, en verano era inviable; en el caso de noviembre, surgieron unas restricciones al sector cultural bastante agresivas en Cataluña. Yo soy de Barcelona y me sabía mal poder estrenar en cualquier parte salvo ahí, así que preferí esperar. Admito, de todos modos, que no terminaba de comprender las medidas, que se antojaban caóticas. Entiendo que ha sido y sigue siendo un problema muy difícil de gestionar para los políticos, pero también lo es para la industria del cine y el caos no ayuda nada.

Coincidís en taquilla con Wonder Woman 1984, una de las películas más esperadas del año…

Lo sé, pero no me preocupa. Lo bonito del cine es que las audiencias cada vez están más fragmentadas. Y hay una película para cada momento. A fin de cuentas, hay noches que te apetece una hamburguesa y otras que buscas algo más personal, y no hay nada malo en ningún caso. Lo importante es la diversidad: que haya opciones para todo el mundo.

Filmin es una plataforma digital, pero últimamente parece haberse lanzado a estrenar en cines…

Uno de los principios más bonitos de Filmin es cuidar el cine. Suena utópico pero es así. Se respira un amor absoluto por el arte de hacer y ver películas. De hecho, dado el lío de fechas, yo propuse poner la película directamente en la plataforma, pero ellos reiteraban que era importante estrenarla en salas, porque lo habíamos prometido y, si no, si todos empezábamos a echarnos para atrás, la industria saldría perjudicada. Yo creo que Filmin sale perdiendo con determinadas decisiones, pero su amor por el cine es más fuerte que eso. Hacerse ricos no es su meta. De hecho, la plataforma surgió para recuperar esas películas que no tenían otra distribución, pero poco a poco se ha vuelto ella misma distribuidora. Con Ojos negros, por ejemplo, llevaron toda la distribución en festivales y salas comerciales; ahora lo están haciendo con la última de Gaspar Noé, Lux Æterna, que es una película muy especial. Esto lo hacen bajo el sello Filmin Cinema.

¿Vosotros cuándo y cómo contactasteis con Filmin?

Pues al buscar distribuidora, con la película acabada. Marta Lallana, una de las directoras de Ojos negros, es amiga mía y me habló maravillas de Filmin. Me decía que tiene un modo de trabajar muy especial que podía encajar con mi película, porque hay otras distribuidoras que, quizá, no se han modernizado como podrían. Y tenía razón; yo estoy muy contento. Y además es una plataforma de la que todo el mundo se siente orgulloso de formar parte: recuerdo que, cuando Elliot Page salió del armario, Filmin actualizó el nombre en sus películas y yo lo compartí en redes… Y recibí respuestas muy cariñosas. Está en auge, sin duda.

Al final, con el cine independiente, el director tiene que involucrarse mucho, ¿no? Tú, además, eres guionista, productor, actor…

Sí, me puse todos los sombreros al principio; no por deseo, pues lo que más disfruto es escribir, sino por necesidad. Admito que acabé muy cansado, pero ahora que estamos al final del proceso y que estoy involucrado en la siguiente película, ya hecha de forma más convencional, con más medios y menos obligaciones sobre mis hombros, lo echo de menos. Tomar decisiones sin dar explicaciones es maravilloso; por ejemplo, rodar A Stormy Night en blanco y negro fue una decisión creativa que el director de fotografía, Alfonso Herrera Salcedo, y yo tomamos sencillamente porque nos apetecía; de depender de otras personas, tendríamos que haber luchado mucho por ello. La industria es muy rígida y hay mucha belleza en hacer las cosas con un equipo reducido.

¿Y qué “sombrero” llevas ahora?

Pues ante todo soy guionista, pero sigo siendo director y productor, lo que pasa es que estoy en proyectos aún en fase de desarrollo. Por el momento, en el REAC, el registro de empresas audiovisuales de Cataluña, figuro con los tres papeles, pero ya veremos…

¿Ya no quieres ser actor?

¡No! Nunca quise ser actor. Simplemente necesitaba uno y lo más fácil era serlo yo. Porque trabajar en una película de tan bajo presupuesto es complicado y buscar actores y no poder pagarles te da hasta vergüenza. A ver, yo había hecho algo de interpretación y ya había actuado en cortos del mismo equipo, o sea que daba el pego. Los otros dos actores de A Stormy Night, Jacob Perkins y Jordan Geiger, son buenos amigos míos.

¿Lo de que los actores no cobraran es literal…?

Eso me temo. Pero dejamos por escrito el pago en diferido: nadie cobró en su momento pero lo harán si antes o después hay beneficios. De hecho, yo recomiendo a los estudiantes de cine que, hagan lo que hagan, aunque sean proyectos muy pequeños, firmen papeles y acuerden un precio, porque nunca sabes qué va a ocurrir. Y a posteriori todo es mucho más difícil.

Ahora que la película está terminada, ¿ves posible ganar dinero? ¿O te conformas con no perder…?

Admito que, por mi tranquilidad mental, he querido mantenerme al margen de todo el tema de la gestión económica. Tenemos un buen agente de ventas y la película se ha vendido a muchos territorios: Alemania, Portugal, Estados Unidos, el sudeste asiático… Eso ya es un éxito para un producto de este tipo. Pero se sale de mis competencias. Digamos que no tengo ni idea de si nos hemos hecho ya ricos o no. Imagino que no [risas].

Por ahora la película se ha visto en tres festivales: el D’A de Barcelona, el Festival de Málaga y el LesGaiCineMad, el certamen LGTB madrileño. ¿Cómo te sentiste en este último? ¿Estás cómodo con la etiqueta LGTB?

Cuando yo escribo un texto lo hago desde la experiencia propia, pensando en un círculo de personas muy íntimo, porque hay que tener muy claro para quién escribes; creo que así salen los mejores textos. Yo escribí A Stormy Night teniendo en mente a mi grupo de amigos, con los que tenía ciertas conversaciones y bromeaba de determinada manera. Es cierto que la película pasó por Málaga y el D’A, y fue estupendo, pero, para ser sincero, no fue hasta el LesGaiCineMad que sentí que conectábamos realmente con el público, que allí era muy variado a nivel identitario. Como productor, desconozco si las etiquetas realmente nos benefician o no; como director, estoy muy orgulloso de ellas.

Pero, ¿es difícil hacer una película con personajes LGTB en España?

Sí, es muy difícil. La gente asocia lo gay con un nicho y eso, cuando eres un director novel y no puedes justificar tu valía, eso tira para atrás. Por lógica, los productores y quienes conceden ayudas asocian los nichos con menos posibilidades y dan por hecho que la taquilla será menor. Lo cual tiene su parte de verdad porque el sector español no premia el riesgo, al revés.

¿Por eso hay tan poco cine LGTB en España?

Supongo. En España las cosas están cambiando tarde y mal: las realidades de nuestra cultura no reflejan lo que vemos en la calle. Como decía, hay una falta de riesgo preocupante; dada la escasez de medios, los productores tienen una mentalidad muy conservadora: piensan en productos que puedan recibir subvenciones y que vayan a funcionar en la cartelera. De todos modos, no sé por qué vamos tan lentos en el plano cinematográfico en comparación a otros países, la verdad; sí creo que hay un resultado exponencial: abres una puerta, se abren dos, se abren cuatro… Quizá en un par de años todo cambie. Ojalá lo haga.

¿Tú tenías claro que tus protagonistas serían gais?

Totalmente. A ver, yo no planteo el proyecto pensando “van a ser dos gais” sino que lo hago desde mi propia experiencia. Recuerdo una clase de universidad donde Donna Gigliotti, la exitosa productora de El lado bueno de las cosas, me dijo que no hablara de gais al vender la película, que lo omitiera, porque de lo contrario me estaría limitando y echaría a la gente para atrás. Entonces fui consciente de que mucha gente vería la película como una historia de gais, cuando yo me he limitado a contar una historia de amor con naturalidad, desde mi forma de vivir el amor, que resulta ser entre hombres.

Parece haber mucho de ti en la película…

Hay mucho de mí, sí, pero no son rasgos obvios. No es autobiográfica, aunque pueda parecerlo. Yo la escribí poniendo sobre la mesa dos formas de ver el mundo y hay algo de mí en ambas, porque lo que me interesa es el debate y no tengo clara la respuesta. De hecho, he tenido ambos puntos de vista en un momento u otro.

A Stormy Night aborda muchos temas relacionados con nuestra generación: ese amor más moderno y difícil, las distancias, el choque de culturas, la precariedad… ¿La ves como una obra generacional?

Pues, mira, tiene gracia porque yo no escribí la película pensando en los problemas de mi generación, sino en los míos, y me maravilla ahora leer textos que la aplican a temas generales. Por ejemplo, citan esa idea de un portátil con una montaña de discos duros como imagen de la precariedad; hasta ahora simplemente era mi imagen de la precariedad, no pensé que otra gente lo viviera igual. O el tema de la ansiedad: yo no escribo pensando que esta generación tiene problemas de ansiedad, sino en la ansiedad que yo mismo siento, la cual trato de plasmar con honestidad; y entonces me dicen los espectadores que los he retratado a ellos. Es bastante genial, la verdad. No sé si las audiencias van a sentirse alienadas respecto a esto; no deberían porque, en el fondo, todos somos más parecidos de lo que pensamos. Creo que unos se identificarán con unas cosas y otros, con otras, independientemente de su contexto. Pero eso ya lo dirá el público…

Hablando de ansiedad y precariedad, si hubieras tenido todo el tiempo y dinero del mundo para crear esta película, ¿qué habrías cambiado?

De hecho, nada. Cuando tienes una limitación, tienes que plantearla desde el principio, desde el guion. Con otros medios, simplemente habría hecho otra película. Para empezar, si hubiera tenido dinero de sobra, habría pagado a un actor para interpretar a mi personaje, pero eso habría supuesto reescribirlo, porque, sospechando que me tocaría encarnarlo a mí, ya lo diseñé con ciertas limitaciones. O sea, daba igual que escribiera que estaba mazado porque no iba a poder ser [risas]. Creo que debes abrazar las limitaciones, incorporarlas al proyecto y no preguntarte qué harías con más dinero. Es más, sería trampa defender la película de un ataque amparándose en la falta de medios. Eso sí, admito que lo estoy pasando muy bien con el nuevo proyecto, porque por fin puedo escribir lo que me apetezca y confiar en que se hará realidad.

¿Tíos mazados?

Por ejemplo [risas].

¿Qué nos puedes contar del nuevo proyecto?

Pues estoy muy contento porque nos acaban de conceder la ayuda del ICEC. Así que ya tenemos luz verde, aunque el contrato estaba firmado desde el verano. Esta película es una evolución natural de A Stormy Night, solo que en color, literal y metafóricamente. No puedo contar mucho, pero sí puedo decirte que va a haber más sexo [risas]. Y es que curiosamente A Stormy Night habla mucho de sexo sin exponerlo de verdad; esta sí lo hace, o eso creo, y estoy disfrutando mucho creándola. Tengo ganas de seguir escribiendo, dirigiendo y produciendo, más que nunca.

Hoy también estrenas en Filmin un corto, Detox, con Oriol Pla y Guillem Barbosa…

Sí, lo escribí y dirigí hace mucho tiempo, en 2015, y me hace mucha ilusión que por fin se vea. Es mi corto más cafre, rodado sin ningún tipo de medios. Para fans de la melancolía. Quienes lo han visto lo han interpretado como una posible precuela de A Stormy Night, así que supongo que llega en el momento perfecto. ¡Quién lo iba a decir!

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