"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

22º LesGaiCineMad (I): críticas de «The Miseducation of Cameron Post», «Mario», «Just Charlie», «Nove de novembro», «Un couteau dans le coeur», «Cola de mono», «My Days of Mercy», «Ma vie avec James Dean», «Tinta bruta» y «Las herederas»

Como cada otoño, el LesGaiCineMad ha traído a Madrid algunas de las películas independientes de temática LGTB más interesantes del año, muchas de ellas premiadas ya en otros festivales. En su 23ª edición, el certamen madrileño ha vuelto a apostar por una perfecta fusión de producciones arriesgadas y otras de corte más comercial, recordándonos cuán amplia es por fin nuestra (porque, sí, es nuestra) cinematografía. Como siempre, me he dedicado a los largometrajes de ficción del festival, que he repartido aleatoriamente en dos grupos entre esta columna y la próxima. Sin más dilación, me pongo con la primera tanda.

Los centros de terapia de conversión se cuentan entre los lugares más horribles a los que puede enviarse a un joven a día de hoy en el mundo occidental. En ellos, niños y adolescentes aprenden, como afirma Chloë Grace Moretz en The Miseducation of Cameron Post, a odiarse a sí mismos. Desiree Akhavan, que debutó en 2014 con la excelente Appropriate Behavior [crítica], vuelve a dedicarse con sencillez e ingenio a la crisis existencial de una joven a quien un contexto conservador imposibilita aceptarse tal y como es. En ambos casos, por suerte, el tratamiento es sensible y esperanzador, con espacio para el humor en medio del drama, esta segunda película alcanza grados de verdadero impacto emocional que forzarán a más de uno a apartar la mirada (y el corazón) por un instante. Curiosamente, Joel Edgerton trata este año el mismo tema en la más mediática pero inferior Boy Erased.

El visionado de Mario debería ser obligatorio entre los clubes de fútbol, donde aún hoy reina la homofobia. La última película de Marcel Gisler, que ha dedicado toda su carrera a la comunidad gay —F. es un cabrón (1998), Rosie (2013), Electroboy (2014)—, se centra en dos jóvenes futbolistas que, unidos por el entrenamiento, terminan enamorados. Mario, de hecho, lo está por primera vez, pues, convencido de que nada importa más que el deporte, ha reprimido siempre sus instintos. Leon, sin embargo, tiene otras prioridades, pues sabe que nada puede compararse al poder del amor. Max Hubacher y Aaron Altaras emocionan con cada gesto, partiendo de un guion harto elegante que invita a reflexionar sobre un tema incomprensiblemente desconocido.

En la encantadora Just Charlie, la joven Rebekah Fortune (que debutó en 2016 con Deadly Intent, terrorífica mirada a la infancia) retrata a una familia británica de clase media que debe lidiar con la transexualidad de la joven Charlie (excelente Harry Gilby), su hija, a quien siempre ha tratado con pronombres masculinos. Aunque demasiado melodramática, la cinta expone de maravilla el duro proceso atravesado tanto por la adolescente como por sus progenitores, a quienes la transfobia imperante pondrá las cosas muy difíciles. La honestidad es latente, pero sin dejar de lado la esperanza, harto necesaria en un tema tan delicado y actual como este.

Rodada gracias al crowdfounding, Nove de novembro es la primera película gay rodada en gallego, así como una de las mejores películas de temática LGTB de nuestro cine. El debutante Lázaro Louzao nos traslada a los albores de la caída del muro de Berlín para mostrar una década de difícil relación entre dos hombres (perfectos Ademar SilvosoBrais Yanek, también primerizos) a los que el contexto homófobo y sobre todo sus propios fantasmas impiden a menudo disfrutar de la felicidad que el profundo amor que se profesan debería depararles. Tan delicada como desgarradora, la película nos sume en la melancólica rutina de una vida en pareja que se antoja tan hermosa como sombría.

Presentada en Cannes y programada en Sitges, pero pasando injustamente desapercibida en ambos certámenes, Un couteau dans le coeur es una de las películas más arriesgadas del festival que nos atañe. Yann Gonzalez (Les rencontres d’après minuit, 2013) nos sumerge en un mundo de perenne inquietud a través de la historia de una directora de cine porno (excelente Vanessa Paradis) que, harta de la incompetencia policial, decide investigar ella misma la muerte de sus actores, debiendo lidiar entretanto con un crítico romance con su montadora. Homenaje al giallo y el porno de la 70, la cinta está colmada de diálogos ingeniosos e imágenes hipnóticas.

Alberto Fuguet, muy conocido en Chile, salió hace poco del armario con la novela Sudor [crítica] y ahora ha hecho lo propio en el terreno cinematográfico con su sexto largometraje. En ambos casos ha optado por hacerlo a lo grande, generando máximo impacto a través de una excesiva sexualización de sus personajes. Cola de mono nos traslada a la noche en que dos hermanos (Santiago Rodríguez-CostabalCristóbal Rodriguez-Costabal, hermanos en la vida real) descubren, ante la acongojada mirada de su madre (Carmina Riego) que ambos son homosexuales, reaccionando cada uno de forma opuesta y despertando peligrosos fantasmas. Provocadora de principio a fin, la cinta posee una altísima carga sexual que vuelve aún más duro lidiar con la homofobia que la impregna.

El compromiso de Ellen Page y Kate Mara hizo posible My Days of Mercy, mezcla de romance lésbico y drama social. Ellas encarnan a dos mujeres opuestas que se enamoran en medio de las reivindicaciones en torno a la pena de muerte. No hay riesgo o novedad algunos en la segunda película de la israelí Tali Shamon-Ezer (que debutó con Princess en 2014), pero el resultado es bastante agradable; por momentos, incluso interesante. Además, la presencia de estrellas en el cine LGTB sigue siendo muy escasa, con lo que no seré yo quien arroje piedras contra una producción que, sin duda, tiene un público que lleva largo tiempo esperando cine de este tipo.

Dos décadas después de hacerse con el FIPRESCI del Festival de Mar del Plata con Confort moderne (2000), Dominique Choisy ofrece con Ma vie avec James Dean un simpático ejercicio de cine dentro del cine a través de un joven realizador (irresistible Johnny Rasse) enfrentado a una lamentable jornada de promoción durante la que se verá rodeado de un sinfín de personajes peculiares entre los que brotarán inusuales relaciones que no habrían sido posibles sin la fallida producción. Bañada en el inconfundible encanto francés, la cinta no se propone otra cosa que granjear un rato agradable, lo cual innegablemente consigue.

Coescrita y codirigida por Filipe Matzembacher Marcio Reolon (que ya colaboraron en Beira-Mar en 2015), la brasileña Tinta bruta se centra en Pedro (debutante Shico Menegat), un joven abandonado a su suerte que se gana la vida bailando desnudo cubierto de pintura de neón mientras hombres extraños lo contemplan por la webcam. La cinta expone así la crisis de la juventud brasileña contemporánea, generando momentos de verdadero impacto visual, pero se ve perjudicada por la falta de empatía generada por un protagonista harto necesitado de afecto. Aun así, se alzó merecidamente con el Teddy a mejor filme LGTB del Festival de Berlín.

En la Berlinale se presentó también Las herederas, donde Ana Brun fue declarada mejor actriz por encarnar a una paraguaya de alta alcurnia que debe afrontar al mismo tiempo la partida del dinero que tan cómoda le ha hecho la existencia y la de la mujer con la que se ha acostumbrado a compartirla. A través de sutiles gestos llenos de significado, respetuosos primeros planos y encuadres generales que son al tiempo discretos y voyeristas, el debutante Marcelo Martinessi retrata el dolor que a menudo acarrea estar vivo con suma delicadeza, ganándose con sigilo nuestra empatía por un personaje colmado de matices al que no siempre llegamos a entender del todo. La fotografía juega con el fuera de campo y la música extradiegética brilla por su ausencia, vocablo este último que define a la perfección el existir de la protagonista y la puesta en escena confeccionada que la envuelve.

Varias de las películas de las que he hablado hoy tienen nuevos pases durante este fin de semana, con lo que, si todavía no las habéis visto, os animo encarecidamente a hacerlo. Y, si por algún motivo ninguna de ellas es de vuestra agrado, descuidad: aún queda mucho cine LGTB del que hablar.

 

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Comentarios
  1. DanielGrimoir

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