"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La situación de la comunidad LGTB en Turquía

En las últimas semanas hemos publicado varias noticias relacionadas con la comunidad LGTB de Turquía, que pese a haberse reforzado notablemente (son cada vez más, por ejemplo, las personas que toman parte en las celebraciones del Orgullo de Estambul), vive un momento especialmente complejo, enfrentada tanto a una ola de nacionalismo e islamismo como a una sociedad que en los últimos años parece haberse vuelto más conservadora. Un giro hacia la derecha del que las minorías sexuales son una de las primeras víctimas.

Turquía ocupa uno de los últimos lugares en Europa en materia de derechos LGTB. En el último informe anual publicado recientemente por ILGA Europe, el país ha obtenido -3 puntos (junto a Mónaco y San Marino) en una escala que va desde los -4,5 puntos de Rusia y Moldavia hasta los +21 del Reino Unido. Formalmente las relaciones homosexuales no han sido nunca delito, pero persisten leyes que castigan el “escándalo público” y que pueden ser utilizadas en su contra. Además, el Ejército turco sigue considerando la homosexualidad como una enfermedad. Para poder evitar ser reclutados y obtener el llamadocertificado rosa” las personas homosexuales deben aportar “pruebas” indudables de su homosexualidad, que pueden incluir exámenes anales o la necesidad de aportar vídeos y fotografías en las que se identifique claramente como son penetrados analmente. Practicas humillantes que hace unos meses fueron denunciadas en un documental de la BBC que desató una ola internacional de indignación.

Resumiendo mucho, la situación legal de las minorías sexuales en Turquía es la siguiente:

  • No existe reconocimiento alguno de las parejas y familias LGTB
  • Las parejas del mismo sexo no pueden adoptar
  • La rectificación del sexo registral de las personas transexuales puede ser obtenida solo después de esterilización y divorcio
  • No hay leyes contra la homofobia
  • No hay ninguna ley contra las discriminaciones
  • ILGA Europe afirma que las autoridades del país han violado el derecho de asociación de las personas LGTB en los últimos 10 años.

La censura y la discriminación siguen siendo además una realidad: además de los terribles crímenes de honor -como el asesinato de Ramazan Çetin, una mujer transexual, a manos de su propio hermano, o el del estudiante gay Ahmet Yildiz por su padre- aquí en dos manzanas nos hemos ocupado de casos como el del despido de un árbitro de fútbol que se declaró homosexual, de la censura de páginas web y de intentos de ilegalizar asociaciones LGTB. En un informe sobre Turquía presentado el pasado abril el Parlamento Europeo manifestósu honda preocupación por la persecución constante de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales sobre la base de la ley de delitos menores y de las disposiciones relativas a la ‘conducta inmoral” y observó “que es necesario emprender nuevas acciones contra la homofobia”. En este mismo informe la eurocámara reiteró también su solicitud al Gobierno turco “de que dé instrucciones a las fuerzas armadas turcas para que dejen de clasificar la homosexualidad como ‘enfermedad psicosexual’’.

La situación del colectivo transgénero

La situación de las mujeres transexuales es particularmente difícil. Las personas transexuales pueden acceder desde 1988 al proceso de reasignación sexual y modificar su situación registral, pero la transfobia social es elevada. En muchos casos son repudiadas por su familias y obligadas a ejercer la prostitución. A diario son detenidas bajo la acusación de alteración del orden público y llevadas a comisaría donde frecuentemente son víctimas de la violencia policial, como denunciaba también Amnistía Internacional (ejemplo de ello es la agresión a un grupo de activistas transgénero del colectivo Pembe Hayat de la que nos hicimos eco en 2010). Una encuesta hecha a 104 mujeres transexuales reveló que el 89% de ellas habían sido víctimas de violencia en dependencias policiales.

Turquía ocupa el primer lugar entre los 47 países miembros del Consejo Europeo, y el séptimo lugar en el mundo, por el número de homicidios motivados por el odio transfóbico. 28 mujeres transexuales fueron asesinadas en el país en 2011. El año pasado las organizaciones de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch y Amnistía Internacional hicieron públicos dos informes distintos en los que acusaban a las autoridades turcas de no actuar contra el acoso, la violencia y la discriminación de las personas LGTB.

Auge del conservadurismo autoritario

Recientemente hemos recogido también la grave sentencia del Tribunal Supermo turco que ha afirmado que tanto el sexo anal como el oral son “antinaturales” y los ha comparado además a “la tortura, la violencia sadomasoquista, la zoofilia y la necrofilia”. Una sentencia que como expresaba entonces el sexólogo Selçuk Candasayar “es un indicador llamativo del auge de un conservadurismo autoritario en Turquía”. El profesor Candasayar no es el único en preocuparse por la deriva autoritaria, religiosa y nacionalista, cada vez más evidente, del gobierno de Erdoğan. Muchos analistas, como Soner Çagaptay, alertan desde hace tiempo de que un “proceso de ingeniería social está en marcha para islamizar la sociedad turca”. Es cierto que el gobierno está intentando limitar o incluso prohibir el consumo de alcohol y que el Ayuntamiento de Estambul, en manos del gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), ha sido acusado de intentar yugular al barrio de Beyoğlu, el “Soho” de Estambul, con medidas de corte islamista.

El sociólogo Sencer Ayata, que es también vicepresidente del mayor partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (en turco: Cumhuriyet Halk Partisi o CHP), ha presentado recientemente un informe en el que se afirma que las autoridades han encarcelado a unos 600 estudiantes universitarios y expulsado a otros 5.000 de la universidad al fin de “formar una juventud puritana”. Y no se debe olvidar que Turquía es actualmente el país con más periodistas detenidos al mundo. El pasado febrero el escritor estadounidense Paul Auster rechazó ir a Turquía debido justamente al encarcelamiento de periodistas. Su actitud desató entonces las iras de Erdoğan que le tildó de “ignorante”. Sin embargo, la unión turca de editores ha hecho publico otro informe en el que se afirma que en la prensa turca están aumentando la censura y la autocensura y que cada vez más libros son prohibidos por las autoridades. El editorialista del diario Taraf, Ahmet Altan ha afirmado recientemente que Erdoğan es un jefe al que “está prohibido criticar”.

Una situación de la que, como hemos dicho, las personas LGTB son una de las primeras víctimas. El gobierno turco se ha negado a promover legislación antidiscriminatoria y ha permitido a políticos de primera línea hacer declaraciones abiertamente homófobas. De algún ejemplo nos hemos hecho eco en dosmanzanas, como el de la ministra de Mujer y Familia Aliye Kavaf, que en 2010 calificó a la homosexualidad de “trastorno que necesita ser tratado.

Sin embargo, y a pesar de todo, no hay olvidar que existe también una Turquía moderna y abierta, que en Estambul existe una maravillosa comunidad LGTB y que colectivos como Kaos GL o Lambdaistanbul hacen un gran trabajo en defensa de los derechos de las minoría sexuales (a pesar de los continuos intentos de las autoridades de ilegalizarlos).

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  1. olbap

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